Una investigación liderada por el Wellcome Sanger Institute (Reino Unido) ha revelado la cantidad de daño en el ADN causado por ciertas quimioterapias utilizadas para tratar de forma eficaz el cáncer infantil, junto con un impacto hasta ahora oculto en el hígado. El hallazgo, publicado en la revista Science, abre el camino a futuras investigaciones orientadas a mitigar estos efectos.

Los fármacos de quimioterapia a base de platino son muy eficaces contra el cáncer, pero pueden tener un impacto subestimado en el resto del organismo. Para investigarlo, un equipo del Instituto Wellcome Sanger, la Universidad de Cambridge, el Instituto Francis Crick y el King's College de Londres, todos en Reino Unido, utilizó nuevas tecnologías de secuenciación y descubrió daños distintivos en el ADN del hígado. Los autores sugieren que futuras investigaciones podrían conducir a nuevas formas de prevenir estos daños.

Células infantiles con el mismo desgaste que las de un adulto

El estudio también reveló que, aunque la quimioterapia destruye de forma eficaz las células cancerosas, puede "envejecer" las células sanas de un niño. Esto provoca que las células sanas infantiles presenten la misma cantidad de cambios en el ADN que las células adultas acumulan a lo largo de muchas décadas. Este trabajo ofrece una conexión directa plausible y una explicación biológica de por qué los supervivientes de cáncer infantil suelen enfrentarse a problemas de salud en la edad adulta, como cánceres secundarios o enfermedades hepáticas.

El objetivo de esta investigación no es desincentivar el uso de la quimioterapia, que sigue siendo esencial para curar el cáncer infantil. Por el contrario, al identificar con precisión cómo estos fármacos dañan genéticamente los tejidos sanos, los científicos esperan poder desarrollar en el futuro nuevas formas de mitigar o prevenir estos cambios en el ADN, reduciendo así los riesgos para la salud a largo plazo de los supervivientes.

Cómo actúa la quimioterapia y qué son las "firmas mutacionales"

En términos generales, la quimioterapia actúa dañando el ADN de las células cancerosas hasta destruirlas. A pesar de ser una herramienta crucial en el tratamiento del cáncer, este mecanismo puede dejar en las células sanas de los supervivientes patrones de daño en el ADN conocidos como firmas mutacionales. Aunque algunas de estas firmas ya habían sido documentadas en investigaciones previas, su posible impacto sobre la salud no siempre había quedado claro.

Las quimioterapias basadas en platino son eficaces para tratar diversos tipos de cáncer, tanto en adultos como en niños. Dado que los niños que reciben tratamiento oncológico suelen presentar problemas de salud a largo plazo al llegar a la edad adulta, comprender el impacto de este tratamiento en su organismo resulta fundamental para garantizar una atención médica eficaz y equilibrada.

Una nueva técnica para detectar daños antes ocultos

Los recientes avances en tecnología de secuenciación genómica han comenzado a revelar cambios en el ADN que hasta ahora permanecían ocultos en el cáncer infantil. En este nuevo estudio, el equipo utilizó una técnica denominada NanoSeq 2 para identificar la relación entre el tratamiento de quimioterapia recibido durante la infancia y las consecuencias que se manifiestan años después.

La investigación analizó un total de 186 muestras de sangre, muestras de tumores hepáticos y tejido hepático no canceroso procedentes de nueve niños, recogidas tras un tratamiento con quimioterapia a base de platino. Se incluyeron además 30 muestras de dos niños con cáncer de hígado que habían recibido tratamiento sin platino. El estudio examinó también 47 muestras de niños con cáncer distinto al de hígado que habían recibido quimioterapia a base de platino, junto con muestras de niños tratados sin platino y de niños que no habían recibido ningún tratamiento.

Cambios genéticos comparables a los de un adulto

El análisis mediante NanoSeq reveló un número mucho mayor de cambios en el ADN de las células en diversos tejidos tras el tratamiento con platino, observándose en algunos niños la misma cantidad de cambios genéticos que se encuentran habitualmente en tejidos adultos. Algunos de estos cambios se consideran factores desencadenantes del cáncer, lo que podría aumentar el riesgo de que estas células se conviertan en cancerosas, si bien esta complicación del tratamiento del cáncer infantil resulta muy poco frecuente.

El estudio reveló además un patrón de cambios genéticos en el tejido hepático hasta ahora desconocido. Este patrón no se observó en ningún otro tejido y parecía estar relacionado específicamente con la quimioterapia a base de platino. Dado que solo se detectó en el hígado, el equipo sugiere que podría deberse a la degradación del propio tratamiento quimioterápico, un proceso que tiene lugar en este órgano.

Una posible explicación al "envejecimiento prematuro"

El aumento en el número de mutaciones en las células sanas de los niños, junto con el daño adicional en el ADN observado en el hígado, podría ofrecer una explicación biológica plausible de por qué los supervivientes de cáncer infantil desarrollan cánceres secundarios y otros problemas de salud que a menudo se describen como "envejecimiento prematuro". La quimioterapia sigue siendo un tratamiento eficaz contra el cáncer, y comprender su impacto a largo plazo podría orientar futuras investigaciones hacia nuevas formas de prevenir estas consecuencias.

La doctora Anna Wenger, primera autora del estudio en el Instituto Wellcome Sanger y la Universidad de Gotemburgo, afirma que este trabajo representa un hito al revelar el daño que la quimioterapia causa en los tejidos normales. Según explica, el equipo exploró las posibles implicaciones para los niños que reciben este tratamiento vital a una edad temprana, ya que los efectos secundarios tardíos suelen manifestarse a lo largo de toda la vida.

Wenger añade que, mediante el uso de técnicas genómicas de vanguardia, el equipo descubrió que ciertos fármacos quimioterapéuticos "envejecen" las células sanas de los niños, causando en un periodo de tiempo muy corto la misma cantidad de daño al ADN que normalmente se acumularía a lo largo de décadas y que se observaría en adultos de mediana edad. Según concluye la investigadora, este hallazgo permite empezar a considerar cómo podría protegerse a los tejidos sanos de este tipo de daño en el ADN.