La gastroenteritis vírica es una inflamación del estómago y del intestino provocada por determinados virus que alteran la capacidad del organismo para absorber agua y sales. Como consecuencia, aparecen síntomas como diarrea, vómitos, fiebre o dolor abdominal, que pueden persistir durante varios días.

Se trata de una afección especialmente común en menores de cinco años y en personas de edad avanzada, dos grupos más vulnerables a sus posibles complicaciones. Desde el laboratorio Cinfa recuerdan que, aunque en la mayoría de los casos es una enfermedad leve y autolimitada, conviene prestar atención a su evolución.

La deshidratación, el mayor riesgo

El principal motivo de preocupación ante una gastroenteritis es la deshidratación. Así lo subraya el médico Julio Maset, quien explica que la dificultad para tolerar alimentos y líquidos durante varios días puede llegar a ser grave, sobre todo en niños y personas mayores. La aparición de signos como boca seca, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos o una disminución clara de la cantidad de orina debe alertar de una posible deshidratación y justificar la consulta médica.

El norovirus y su alta capacidad de contagio

Entre los microorganismos que con mayor frecuencia causan gastroenteritis destaca el norovirus, un virus altamente contagioso que se transmite con facilidad a través de alimentos o líquidos contaminados, del contacto directo con una persona infectada o al tocar superficies contaminadas y llevarse después las manos a la boca.

Una persona puede transmitir la infección incluso antes de presentar síntomas y durante varios días después de haberse recuperado, ya que el virus se encuentra tanto en las heces como en el vómito. Por ello, extremar las medidas de higiene resulta fundamental para frenar su propagación.

Hidratación lenta y constante

La gastroenteritis suele resolverse de forma espontánea en un plazo de uno a tres días, siempre que se mantenga una hidratación adecuada. Durante este periodo, el organismo suele mostrar una intolerancia casi total a los alimentos, por lo que el objetivo principal es reponer el agua, las sales y los minerales perdidos.

Para ello, se recomiendan las soluciones de rehidratación oral que contienen glucosa y sodio, disponibles en farmacias. No se aconseja recurrir a refrescos ni a bebidas isotónicas para deportistas, ya que su composición no está pensada para este tipo de pérdidas.

Los líquidos deben tomarse despacio, en pequeños sorbos, cada quince o treinta minutos, para favorecer su absorción y evitar los vómitos. En el caso de los niños pequeños, es importante no forzarlos, ofrecerles cantidades muy pequeñas y respetar su sensación de sed. En los lactantes, no debe suspenderse la lactancia y es imprescindible contar con la orientación del pediatra.

Volver a comer, poco a poco

Cuando reaparece el apetito, lo más recomendable es retomar de forma gradual la dieta habitual, priorizando alimentos suaves y fáciles de digerir. Conviene evitar, al menos al principio, aquellos productos muy grasos o con alto contenido en azúcares, que pueden empeorar la diarrea.

Si es necesario, el médico puede indicar analgésicos para aliviar el dolor o la fiebre, así como medicamentos para controlar las náuseas y los vómitos. Sin embargo, los antibióticos no son efectivos en las infecciones víricas y los antidiarreicos no solo no ayudan, sino que pueden prolongar la enfermedad.

Higiene y vigilancia, claves de prevención

Mantener una higiene rigurosa de las manos y extremar la limpieza de superficies, utensilios y alimentos resulta esencial para evitar nuevos contagios, especialmente en el entorno familiar. Además, es importante vigilar la evolución de los síntomas y acudir al médico si estos se prolongan más de lo habitual o aparecen signos de deshidratación.

Con cuidados básicos, hidratación adecuada y paciencia, la gastroenteritis suele superarse sin complicaciones, permitiendo al organismo recuperarse de forma natural.