La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) es una enfermedad vírica que requiere el aislamiento del paciente. Su principal vía de transmisión es la picadura de garrapata, aunque el contagio entre personas también puede producirse por fluidos de individuos infectados o por aerosoles. Generalmente, las infecciones se producen en el medio rural, durante paseos o trabajos en el campo.
Un hombre de 71 años ha sido diagnosticado de esta enfermedad infecciosa en Salamanca y trasladado al Hospital Gómez Ulla de Madrid, donde permanece ingresado dada la gravedad clínica que implica esta patología, con las medidas de aislamiento y protección previstas para estas situaciones, según informa la Dirección General de Salud Pública de la Junta de Castilla y León. También se han identificado los contactos de la persona afectada para indicarles el seguimiento que deben realizar, un protocolo que consiste en vigilar periódicamente su temperatura corporal y comunicar a un epidemiólogo de referencia cualquier cambio en su estado de salud.
Según el informe epidemiológico sobre la situación de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España entre los años 2016 y 2025, elaborado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, en ese periodo se han registrado una veintena de casos, la mayoría en hombres con una media de más de 60 años, contagiados en el medio rural, ya fuera por trabajar en el campo o en huertos, o durante paseos, aunque el virus también puede transmitirse a través de animales que actúan como hospedadores.
Detalles del contagio
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad febril que puede acompañarse de hemorragias y tener un posible desenlace fatal, provocada por un virus del género Nairovirus. La transmisión principal se produce por la picadura de garrapatas, aunque también puede contagiarse por contacto con carne fresca contaminada, mediante la ingesta de leche fresca procedente de animales infectados, o en el entorno sanitario, por la manipulación de materiales y fluidos biológicos como sangre, vómitos o heces de personas enfermas.
Síntomas inespecíficos
En la mayoría de los casos, las personas afectadas por la picadura de una garrapata infectada no llegan a desarrollar las manifestaciones clínicas de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. De hecho, es muy posible que ni siquiera sean conscientes de haber sido picadas.
Las manifestaciones clínicas son inespecíficas: los pacientes pueden desarrollar fiebre elevada, cefalea, cansancio y dolor muscular, síntomas que pueden desaparecer en días o semanas. No obstante, se estima que, en el peor de los escenarios, una de cada cinco personas desarrolla el cuadro clínico propio de la fiebre hemorrágica.
La enfermedad se divide en dos fases. En la fase pre-hemorrágica, tras un periodo de incubación que suele oscilar entre 3 y 7 días, el paciente desarrolla un cuadro inespecífico con fiebre elevada, cefalea, sudoración, dolores musculares y manifestaciones digestivas como náuseas, vómitos y diarrea, que suele prolongarse entre 1 y 7 días. En esta fase puede observarse un descenso importante de las plaquetas, una disminución de los leucocitos y una elevación de las transaminasas hepáticas.
En la fase hemorrágica aparecen petequias o equimosis en piel y mucosas, que pueden acompañarse de sangrado digestivo, además de un deterioro de la conciencia en función de los órganos afectados. En esta fase, el descenso de plaquetas es más acusado y suele existir un mayor grado de afectación hepática; en los casos más graves, puede sobrevenir la muerte en pocos días.
Las personas que logran sobrevivir entran en un periodo de convalecencia en el que suele haber taquicardia, dificultad respiratoria, astenia intensa o pérdida de memoria, entre otros síntomas, que puede persistir durante largos periodos de tiempo. La mortalidad de esta fiebre hemorrágica se sitúa en torno al 30%.
Existen otras enfermedades transmitidas por garrapatas en nuestro medio que pueden confundirse con este virus debido a la similitud de sus manifestaciones clínicas, como la fiebre botonosa o exantemática mediterránea y otros cuadros provocados por diferentes especies de Rickettsia. Las garrapatas también pueden transmitir la enfermedad de Lyme.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo se basa en la sospecha clínica. Cuando un paciente que ha sido picado, o que ha podido ser contagiado, desarrolla fiebre, es aconsejable realizar un análisis de sangre que incluya hemograma y enzimas hepáticos.
En función del resultado se orientarán las posibles causas y se realizarán pruebas específicas, que van desde la detección de anticuerpos hasta pruebas moleculares como el cultivo. En el caso de esta fiebre, lo más rentable es realizar una PCR en los primeros días desde el inicio de los síntomas. En cualquier caso, unas pruebas específicas negativas no excluyen de forma definitiva que se trate de esta enfermedad, por lo que las manifestaciones clínicas deben seguir guiando la actuación del personal sanitario.
Cómo se previene la fiebre hemorrágica Crimea-Congo
La mejor forma de prevenir esta enfermedad es evitar las picaduras de garrapatas. Existe la creencia popular de que estos artrópodos se encuentran solo en zonas rurales y que se alimentan únicamente de perros, pero esto es falso.
Aunque es cierto que la inmensa mayoría de la población de garrapatas se encuentra en zonas rurales, también pueden encontrarse en los parques de las ciudades. Habitualmente esperan en la hierba alta a que pase un animal, incluidas las personas, y si se atraviesa esa zona, la garrapata puede adherirse al cuerpo, anclando sus piezas bucales y alimentándose de la persona o el animal.
Para evitar una picadura al pasear o trabajar en zonas donde hay garrapatas, se recomienda llevar ropa adecuada que cubra la mayor parte del cuerpo, con pantalón largo introducido dentro de los calcetines o el calzado. La ropa oscura atrae menos a las garrapatas, pero es aconsejable llevar ropa clara para poder observarlas sobre la ropa y retirarlas antes de que piquen; también puede resultar útil rociar la ropa con repelentes, aunque algunos estudios señalan que no siempre son eficaces.
Otra medida recomendable es revisar el cuerpo tras las salidas al campo, buscando posibles garrapatas y retirándolas correctamente lo antes posible en caso de encontrarlas, lo que puede evitar la transmisión del virus. En ningún caso deben manipularse ni rociarse con gasolina, aceite u otros productos: la forma correcta de extraer una garrapata es con unas pinzas que se introduzcan entre la cabeza del animal y la piel de la persona o del animal afectado, haciendo una tracción firme y mantenida en ángulo recto.
Cómo se trata la fiebre hemorrágica
No existe un tratamiento que se haya mostrado eficaz en el cien por cien de los casos. Según la SEIMC, lo más importante son las medidas de soporte en las unidades de hospitalización especializadas en el tratamiento y control de este tipo de pacientes.
En algunos pacientes, la ribavirina, un agente antiviral, se ha mostrado eficaz. En cualquier caso, siempre debe contemplarse la posibilidad de que exista una coinfección por otros agentes, que puede agravar el cuadro clínico, para lo cual sí puede existir un tratamiento específico.