El trabajo plantea que la falta de capacidad regenerativa en humanos podría no ser definitiva. Según los investigadores, esa habilidad podría permanecer latente dentro de los mecanismos habituales de reparación del organismo. "El hecho de que algunos animales puedan regenerarse y otros, en particular los humanos, no, es una gran incógnita que se plantea desde la época de Aristóteles", señala el profesor Ken Muneoka, del Departamento de Fisiología y Farmacología Veterinaria de la institución.
Estudio científico
El estudio, publicado en Nature Communications, describe un tratamiento experimental en dos fases que permitió regenerar huesos, articulaciones y ligamentos. Aunque las estructuras resultantes no alcanzaron una forma perfecta, el equipo considera que este enfoque podría aplicarse pronto para reducir cicatrices y mejorar la recuperación tras amputaciones. En los mamíferos, las heridas suelen activar un proceso de fibrosis, los fibroblastos cierran rápidamente la zona dañada y generan tejido cicatricial. Este mecanismo prioriza la supervivencia inmediata, pero limita la reconstrucción de las partes perdidas. La investigación sugiere que, si se modula esta respuesta, podría desbloquearse un potencial regenerativo que hasta ahora permanecía oculto. En especies capaces de regenerar extremidades, como las salamandras, las células implicadas en la reparación no generan cicatrices, sino que se reorganizan en un blastema, una estructura temporal que actúa como punto de partida para reconstruir el tejido perdido.
Para comprobar si esa vía regenerativa podía activarse también en mamíferos, el equipo diseñó un tratamiento en dos fases basado en factores de crecimiento ampliamente estudiados. En la primera etapa, aplicaron el factor de crecimiento de fibroblastos 2 (FGF2) una vez que la herida había cerrado por completo. Este momento era clave, permitía que el organismo completara su proceso habitual de cicatrización antes de intervenir. A partir de ahí, cambia lo que ocurre después, señala Muneoka. El FGF2 desencadenó la formación de una estructura parecida a un blastema, algo que normalmente no sucede en mamíferos tras una amputación. Pasados unos días, se administró el segundo tratamiento, basado en la proteína morfogenética ósea 2 (BMP2), que impulsó a esas células a generar nuevas estructuras. Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la regeneración no dependió de añadir células madre externas, como ocurre en muchos enfoques actuales de medicina regenerativa. "No hace falta obtener células madre e implantarlas", apunta Muneoka. "Ya están ahí; solo hay que aprender a conseguir que se comporten como uno quiere".
Aplicación humana
El profesor Larry Suva, también participante en la investigación, destaca que estos resultados obligan a replantear los límites de la curación en mamíferos. "Las células que creíamos inprogramables, en realidad sí lo son. La capacidad no está ausente, simplemente está oculta". El estudio también demostró que las células pueden recibir instrucciones para reconstruir estructuras distintas a las que formarían en condiciones normales, un fenómeno conocido como reespecificación posicional, fundamental durante el desarrollo embrionario. Esto implica que, tras una lesión, las células pueden ser dirigidas para regenerar partes del cuerpo diferentes a su función original. Aunque las estructuras regeneradas no eran idénticas a las originales, los investigadores consiguieron recuperar todos los componentes eliminados durante la amputación (hueso, tendón, ligamento y articulación) organizados de forma coherente con la anatomía natural.
Los resultados también revelan que la regeneración se apoya en múltiples rutas biológicas, lo que confirma que reconstruir tejidos complejos es un proceso mucho más sofisticado que depender de un único mecanismo. Aunque la investigación aún se encuentra en una fase temprana, sus implicaciones podrían trasladarse antes de lo previsto a la práctica clínica. Más allá de regenerar estructuras completas, los autores creen que este enfoque podría utilizarse inicialmente para mejorar la cicatrización, reducir la formación de cicatrices y favorecer una reparación más funcional de los tejidos. La BMP2 ya cuenta con aprobación de la FDA para determinados usos médicos, y el FGF2 está presente en varios ensayos clínicos, lo que podría facilitar el camino hacia futuras aplicaciones terapéuticas. Este trabajo redefine la visión científica sobre la regeneración en mamíferos, no como una capacidad perdida a lo largo de la evolución, sino como una función latente que puede reactivarse.