La base científica de los baños de agua helada se encuentra en la respuesta fisiológica del organismo ante temperaturas bajas. Cuando el cuerpo se expone a agua por debajo de los 15 grados, se produce una vasoconstricción, es decir, un estrechamiento de los vasos sanguíneos que contribuye a disminuir la inflamación y el dolor muscular. Al salir del agua, los vasos se dilatan de nuevo, lo que mejora la circulación y facilita la eliminación de productos de desecho del metabolismo, como el lactato acumulado tras el ejercicio físico.
Por qué es común en el deporte de élite
Este mecanismo resulta especialmente útil tras la actividad deportiva, ya que favorece la recuperación muscular y puede mejorar la respuesta del organismo al entrenamiento con el tiempo. Además, la especialista señala que la exposición al frío también puede ayudar a reducir la tensión arterial y aliviar molestias articulares, siempre que se realice de manera controlada.
Los efectos del frío no se limitan al sistema musculoesquelético. Algunos estudios indican que la exposición regular a bajas temperaturas podría estimular el sistema inmunológico, aumentando la producción de glóbulos blancos y reforzando las defensas frente a infecciones. Asimismo, el sistema nervioso central también entra en juego: el frío activa el sistema nervioso simpático, responsable de la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol.
Cómo practicarlo de forma segura
Dávalos explica que el resultado de los baños helados suelen ser una sensación posterior de relajación y bienestar, asociada a la liberación de endorfinas y dopamina. Este efecto puede contribuir a mejorar el estado de ánimo y a aumentar la capacidad del organismo para gestionar el estrés cotidiano. Para iniciarse en los baños de agua helada, la experta recomienda hacerlo de forma progresiva. Un breve calentamiento previo ayuda a preparar los músculos y a reducir el riesgo de choque térmico. Tras la inmersión, es importante secarse bien y abrigarse para recuperar la temperatura corporal.
En cuanto a la duración, los primeros baños no deberían superar el minuto, con una temperatura entre 10 y 15 grados. Con el paso de las semanas, el tiempo puede aumentarse gradualmente, sin sobrepasar nunca los diez minutos, ya que una exposición excesiva puede provocar hipotermia. La especialista insiste en que no es necesario alcanzar temperaturas extremas para obtener beneficios y recuerda que la seguridad debe ser siempre la prioridad.