Respirar es un acto automático que acompaña cada momento de la vida, pero sus distintas fases podrían influir en la rapidez con la que respondemos a los estímulos del entorno. Un grupo de neurocientíficos de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, ha descubierto que el tiempo de reacción es, de media, 41 milisegundos más rápido durante la exhalación que durante la inhalación. En las pausas entre respiraciones, la respuesta también es más rápida, concretamente 21 milisegundos respecto a la inhalación.
Una prueba para medir la velocidad de reacción
Los resultados, publicados en la revista iScience, constituyen el primer experimento que mide la velocidad de respuesta durante todas las fases de la respiración, incluidas las pausas entre la inhalación y la exhalación. Los investigadores señalan que estas diferencias, aunque se producen en fracciones de segundo, podrían ser relevantes en situaciones en las que reaccionar con rapidez resulta determinante, como en una competición deportiva o al volante de un vehículo. El equipo estudió a 35 adultos de entre 18 y 33 años mediante una Tarea de Vigilancia Psicomotora, una prueba informática ampliamente utilizada para evaluar la rapidez de respuesta. Los participantes debían pulsar la barra espaciadora lo más rápido posible cuando un cuadrado rojo cambiaba a amarillo.
Durante el experimento, los participantes llevaban un dispositivo sencillo situado debajo de las fosas nasales que permitía medir el flujo de aire y relacionar las respuestas con las distintas fases respiratorias. Cada persona realizó la tarea dos veces: una antes y otra después de dormir una siesta o pasar ocho horas durmiendo en el laboratorio. El autor principal del estudio es Ken Paller, profesor James Padilla de Psicología en Northwestern. La autora principal, Erika M. Yamazaki, neurocientífica y antigua integrante del laboratorio de Paller, explicó que utilizar una tarea sencilla permitió demostrar la relación entre la respiración y la cognición. Paller destacó que el estudio documenta una conexión entre la respiración y los sistemas cerebrales encargados de responder a los estímulos ambientales. Sin embargo, los investigadores todavía no conocen con exactitud el mecanismo que explica esta relación.
La conexión entre la respiración y el sueño
Una de las hipótesis planteadas por el equipo es que esta diferencia esté relacionada con la eficiencia neurofisiológica. Otros estudios han mostrado que determinadas oscilaciones cerebrales se sincronizan con los ritmos respiratorios, lo que podría ayudar a comprender cómo interactúan el cerebro y el cuerpo. Profundizar en esta conexión también podría aportar información sobre la fisiología del sueño y su relación con la capacidad mental al día siguiente. Comprender cómo se coordinan la respiración y la actividad cerebral permitiría explorar nuevas estrategias para mejorar el descanso y reducir algunas de las consecuencias de dormir poco.
En esta línea, el laboratorio de Paller trabaja actualmente en una investigación relacionada con la apnea del sueño, dirigida por Yamazaki y financiada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). Este trastorno, caracterizado por pausas respiratorias perjudiciales durante el sueño, puede tener consecuencias negativas para la salud y continúa estando infradiagnosticado y, a menudo, sin tratar adecuadamente. Los investigadores esperan que el desarrollo de estrategias no invasivas para mejorar el sueño ayude a contrarrestar algunos de los efectos de su falta. Este enfoque, conocido en ocasiones como ingeniería del sueño, constituye una de las posibles vías de investigación para comprender mejor la relación entre el descanso, la respiración y el funcionamiento cerebral.