El glaucoma es una enfermedad neurodegenerativa de la retina que puede provocar una pérdida de visión progresiva e irreversible. Hasta ahora, su abordaje se ha limitado a colirios de uso indefinido o a la cirugía, centrados en reducir la presión intraocular, uno de los principales factores de riesgo, pero sin actuar sobre el daño neuronal de fondo. Un equipo del Hospital Universitario Gregorio Marañón ha dado un paso más al desarrollar un colirio pensado específicamente para proteger las neuronas retinianas frente al deterioro progresivo que causa esta patología, según ha informado el propio hospital madrileño.
La cilastatina, protagonista del hallazgo
El nuevo tratamiento tiene su origen en la cilastatina, un compuesto que habitualmente se combina con un antibiótico. En un modelo animal de glaucoma, esta molécula ha mostrado capacidad para proteger las neuronas de la retina y modular la inflamación ocular asociada a la enfermedad, de acuerdo con los datos aportados por el centro hospitalario.
El desarrollo se encuentra todavía en fase preclínica, una etapa necesaria para garantizar que el fármaco avance de forma segura y eficaz antes de probarse en personas. El siguiente paso previsto es el inicio de un ensayo clínico en fase 1 para evaluar la eficacia de esta formulación en humanos, algo que los investigadores sitúan en el horizonte de 2027.
Una línea de investigación con antecedentes
Este proyecto no parte de cero: es una derivación de una línea de investigación que el propio hospital y su Instituto de Investigación Sanitaria llevan años desarrollando en torno a la cilastatina. Ya en 2017, el mismo equipo había constatado el potencial de esta molécula para proteger el riñón frente a la toxicidad de ciertos medicamentos de uso frecuente. Ese hallazgo previo ha servido ahora de base para explorar su aplicación en el ámbito oftalmológico.
Los límites de los tratamientos actuales
Actualmente existen pocas opciones capaces de frenar por completo el avance del glaucoma. Los tratamientos disponibles se enfocan en reducir la presión intraocular, pero no inciden directamente sobre el componente neurodegenerativo de la enfermedad, lo que explica que una parte importante de los pacientes siga perdiendo visión con el tiempo. Más del 40% no responde a los fármacos existentes, y en torno al 10% acaba desarrollando ceguera total en un plazo de entre siete y quince años.
Ante este panorama, las estrategias neuroprotectoras se perfilan como una vía de investigación especialmente relevante para complementar los tratamientos actuales y ayudar a preservar la visión y la calidad de vida de los pacientes. En esa dirección apunta el trabajo del Gregorio Marañón, que ha permitido identificar una nueva posible indicación terapéutica para la cilastatina tras comprobar en modelos experimentales su efecto neuroprotector y antiinflamatorio sobre la retina.