Su carrera como escritora había acabado a la vez que la vida de su hermana, en 2010. Cuatro años después, Miriam Toews decidió caminar con sus palabras de nuevo.

Ésta vez por la pérdida, en primera persona, en femenino y en pasado, para contar el duelo de antes del duelo, la historia de dos enemigas que se querían y sus "pequeñas desgracias sin importancia".

Una infancia menonita

"Mi hermana fue mi primera lectora, una tía adorable para mis hijos, me apoyó siempre cuando era joven y estaba rota, me enseñó el arte y la literatura".

Se criaron en una comunidad menonita de Canadá, donde los libros estaban prohibidos. "Mis padres realmente nos apoyaron a mi hermana y a mí para que tuviésemos una educación, pensásemos, nos expresásemos... lo cual, entre los menonitas, era considerado como una sublevación".

El tabú del suicidio

La hermana mayor consigue huir de esa comunidad. Y años después decide poner fin a su vida, algo que marca a la autora. "El duelo es el duelo y la pérdida es la pérdida, pero el suicidio es una excepción".

'Pequeñas desgracias sin importancia' (Sexto Piso, 2014) recoge precisamente la importancia de hablar del suicidio. "Se necesitan muchas cosas: educación, investigación, voluntad política y hablar de ello".

Acompañar al suicida

Su literatura contempla además la dificultad de acompañar a ese ser querido que ha optado por el suicidio. "Si pudiera volver atrás hubiese preferido llevar a mi hermana a Suiza y haber estado con ella para abrazarla".

La pérdida de un padre y una hermana sacada de la oscuridad para ilustrar la primera causa de muerte no natural de nuestro país. Más de 800.000 personas se suicidan al año en el mundo, cuyas historias permanecen silenciadas.