He aquí la cuestión, mamita

He aquí la cuestión, mamita

¿Escuchar reguetón me hace ser menos feminista?

“Pues para ser feminista bien que te gusta el reguetón”, me dijo un amigo mientras yo bailaba ‘Sin pijama’ (la canción, no es que yo estuviese en bolas) en una fiesta. Ay, papi, lo mismo algo estoy haciendo mal…

Becky G en el vídeo de 'Zooted'
Becky G en el vídeo de 'Zooted' | Instagram

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | 23/08/2018

Lo reconozco. No supe cómo reaccionar ante lo que escuchaban mis oídos porque esa observación (más bien reproche) no la vi venir. Estábamos en la casa de verano de unos amigos (los hay con pasta que pueden permitirse eso de tener una segunda residencia estival) cuando comenzó a sonar el último tema de Becky G. Sí, esa chica de 21 años que canta bien orgullosa aquello de “Si tú me llama', nos vamo' pa' tu casa, nos quedamo' en la cama sin pijama, sin pijama”. Pura poesía, no diréis que no.

Sin embargo, el misil de mi querido amigo (ahora ya no tanto) vino dirigido a mí justo en el momento en el que la otra cantante de la canción, Natti Natasha, dice lo siguiente: “Siempre he sido una dama, pero soy una perra en la cama”. ¡Alegría! Y lo pronuncia bien clarito. Vaya, que no hay lugar a dudas. ¿Hago mal por bailar este tipo de temas? También muevo las caderas a ritmo de ‘Mi carro me lo robaron’ de Manolo Escobar y no estoy a favor de los hurtos ni me alegro de que a ese pobre hombre lo dejaran sin transporte. Menuda faena, además.

Así pues, Pedro, que así se llama mi colega, destapó una auténtica caja de Pandora. Yo no era la única chica de la fiesta y comenzamos un debate que no dejo indiferente a nadie. O por lo menos a mí no. Lo primero que le dije para defenderme (dado que yo me lo tomé claramente como un ataque) es que no mezclara conceptos.

¿Qué tiene que ver el hecho de que yo defienda la igualdad de las mujeres frente a los hombres con el hecho de que baile una canción que dice que una mujer es una perra en la cama? “Que te debería molestar que se hablase así de una mujer, ¿no?”, me rebatió. Cachis, de nuevo me dejó muda.

Claro que me molesta, pero en otro tipo de ámbito. Que me llamen “perra” por la calle me parece todo un agravio, pero utilizarlo en el contexto de una canción en el que claramente se está haciendo referencia a mantener relaciones sexuales pues tampoco me parece tan grave.

¿O sí? Conforme intentaba defenderme, me di cuenta de que era una batalla perdida. Y con razón. Es cierto que puedo bailar esta canción hasta la saciedad y luego luchar por los derechos de las mujeres, pero entiendo que haya personas que lo encuentren incongruente. Hasta a mí me lo parece.

La misma que antes ha escrito que “utilizarlo en el contexto de una canción en el que claramente se está haciendo referencia a mantener relaciones sexuales pues tampoco me parece tan grave”, opina también que es una falta de respeto calificar a una mujer que disfruta libremente de su sexualidad de “perra”. Porque yo me pregunto, ¿hay algún término despectivo para referirse a un hombre que haga lo mismo? No. Bueno sí, “machote”.

Pero obviamente es una palabra que lo ensalza y no lo hunde. Cómo no. El problema está en que me doy cuenta de que es una expresión (la de “perra” referida a mujeres) que he escuchado demasiado a lo largo de mi vida. “Ayer estuve con una tía que… menuda perra”, dicen muchos hombres cuando dan con una chica liberada y sin prejuicios. Quizá el motivo por el que no me estalla el oído cuando escucho a Natti Natasha decir eso es porque mi tímpano ya está acostumbrado. ¿Triste? Mucho. ¿Cierto? Aún más.

Y he aquí el otro lado de la baraja. ¿Quién es más culpable? ¿Ellas o yo? “Los hombres han hablado así durante años, pero si lo hace una mujer la gente se lleva las manos a la cabeza”, decía recientemente Becky G durante una fugaz visita a España. Que lleva toda la razón del mundo no lo discutiré. Pero creo que el problema radica en que no deberíamos empezar a llamarnos perras también entre nosotras, si no que deberíamos intentar erradicar esta costumbre machista. ¿O qué?

“Si no puedes con tu enemigo, únete a él”, dice el refranero popular. ¿Puede que si las mujeres comienzan a hablar de otras mujeres en los mismos términos que los hombres estos terminen por entender que estos comentarios no tienen sentido alguno? Ummm… Tal vez un poco enrevesado, pero podría funcionar.

Lo que sí que me quedó claro de la conversación que mantuve con mis amigos es que los hombres tienen un pánico terrible al feminismo. Es como si creyesen que queremos quitarles algo que les pertenece y no dudan en echarnos en cara cualquier contradicción que creen imperdonable. Pues sí, queridos. Soy mujer, feminista (bastante) y perreo y bailo reggaeton. Es lo que hay. No sé si seré mejor o peor feminista por ello, pero tampoco os he pedido opinión. Gracias.

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