Impreso en negro y el rosa flúor más vivo e incisivo que le cabe a una página, ‘El club de las chicas malas’ conjuga la mejor herencia de Russ Meyer y de la gran Tura Satana con una frescura completamente atemporal.

Tanto si nos dejamos transportar a los años cuarenta como si atamos cabos en busca de las evidentes conexiones con el panorama actual en el mundo, esta historia sucia y pulcra, cercana y fantástica, llega plagada de ingredientes suculentos capaces de complacer a un público muy diverso.

En la caseta de este club de fieles pendencieras caben montones de cajas de whisky, rulos, barras de labios, navajas, pistolas y un sentido de la ética que rompe con todas las predicciones que se le ocurran al lector en el primer vistazo.

No es la típica historia pulp ni la típica historia macarra ni el típico ajuste de cuentas. El fabuloso dibujante canadiense Ryan Heshka ha creado todo un universo único e irresistible y desde Autsaider Cómics han sabido servirlo con doble de salsa.

Cada viñeta, dentro de su clasicismo completamente funcional, resulta tan equilibrada como sorprendente. La composición juguetona, la entrañable caspa que salpica desde los diálogos traducidos con cariño, la chispeante soltura de los trazos, el inteligente uso de una gama cromática reducida y brillante.

Este cómic está hecho para derretir pupilas y para atrapar un buen rato en cada esquina, no por decisión propia sino porque no te queda más remedio.

El violento y adorable club de las chicas malas viene a combatir el mal, a quebrar la corrupción del sistema a base de lealtad y mamporros, a arrancar los suspiros propios de los cuentos infantiles con todo el aliño que le falta a los cuentos infantiles.

Atención también al cortometraje rodado en 2014 por el propio autor del cómic a modo de precuela, una auténtica golosina gradaba en Super-8 que recrea esa atmósfera tan característica con grandes dosis de la serie B más encantadora.

Pulp burbujeante, risas, drama, belleza, alta tensión y desenfreno en un formato extremadamente cuidado desde la tapa dura hasta las guardas que atraviesa cada página. Y encima viene con una preciosa risografía de regalo en edición limitada. No hay que dejarla pasar.