La bisexualidad se ha caracterizado tradicionalmente por definir una atracción de una persona tanto hacia el género femenino como el masculino y ha venido asociada a un sinfín de prejuicios que suelen pasar por la lascivia desenfrenada y la incertidumbre.

El término pansexual se ha empleado con frecuencia en los últimos tiempos y se usa para referirse a la orientación sexual independientemente del género de la persona, señalado la existencia de todas las posibilidades no binarias que abarca el ser humano más allá de los conceptos clásicos de hombre y mujer. Al parecer este concepto genera aún más controversia y para algunos sectores resulta difícil de asimilar.

Paula tiene hoy treinta y tres años y su orientación sexual le empezó a causar conflictos ya en la pubertad: “Tenía unos once años cuando empezaron a meterse conmigo en el colegio porque decían que parecía bollera. Yo no entendía nada, sabía que a veces me gustaban chicos y otras veces chicas pero no le daba importancia y no me imaginaba que desde fuera se pudiese notar, supongo que ya entonces mi aspecto era fluido y un poco queer y eso resultaba desconcertante. Me defendía diciendo que no era lesbiana porque no me identificaba con ese término pero me molestaba mucho que trataran de catalogarme así y sobre todo que lo emplearan como un insulto.”

“Más tarde, teniendo cerca de los dieciocho, cuando había estado saliendo un tiempo con un chico, tuve una historia con una chica y el rumor corrió como la pólvora en el barrio. Gente que apenas conocía me acosaba en los pasillos del instituto exigiendo respuestas. ¿Pero entonces tú al final eres bollera o no?, me preguntaban con sorna y bastante violencia. A mí me molestaba muchísimo, yo sólo quería hacer lo que me apeteciera, no veía la necesidad de ponerle un nombre ni el derecho que mis compañeros asumían para meterse en mis asuntos, como si por salirme de la norma les debiera algo.”

Más como una exigencia social que por un interés natural, Paula se acabó etiquetando oficialmente como bisexual para dejar a su entorno tranquilo: “A los dieciocho empecé a decir que era bisexual con cierto orgullo aunque a mí me daba un poco igual, sólo quería que me dejaran en paz, pero parecía que los problemas no se acababan nunca. En aquel momento en que me pudieron clasificar cayeron sobre mí todos los prejuicios que acompañan al término".

"Lo más habitual fue que se me tachara de guarra directamente, porque se supone que si puede atraerte cualquier género eres una viciosa descontrolada o algo así, y hubo mucho cachondeo y desprecio. La otra inclinación fue dar por hecho que estaba pasando por un periodo de experimentación y que ya volvería al carril de la normalidad como heterosexual cuando se me pasaran. También se dijo que sólo lo hacía por llamar la atención.”

Paula siempre se sintió irritada por la actitud que la rodeaba pero no dejó que los estereotipos influyeran en su comportamiento: “Yo hacía lo que me apetecía y me daba cuenta de que, aunque mi vida sentimental y sexual fuese a mis ojos bastante corriente, a mi alrededor se le daba mucho más bombo a lo que yo hiciera y los cotilleos no dejaban de proliferar. Eran una molestia, claro, pero no dejé que influyese en mis decisiones.”

“Un par de amigas me recomendaron que ocultara o directamente abandonara mis inclinaciones hacia las chicas por mi bien y el de la pandilla. Tardaron poco en dejar de ser mis amigas y mi pandilla, me alejé de ese entorno y me aproximé a otros más afines. En este sentido el apoyo de mis padres fue fundamental, me hicieron sentir que aquellas actitudes eran fruto de la ignorancia y me invitaron a no situar la incomodidad de los demás por encima de la mía.”

Hace cosa de tres años, Paula se topó con el término pansexual: “El concepto de bisexualidad nunca me había convencido del todo, era más algo que había adoptado de forma medio impuesta para satisfacer una pregunta que venía de fuera y no sabía cómo contestar de otro modo, pero a estas alturas me identifico mucho más como pansexual. Me puede atraer cualquier persona más allá de su género, y por supuesto ahí entran la transexualidad y cualquier opción no binaria.”

Tori, de veinticinco, nos habla de su experiencia identificándose como bisexual: “Supe que era bisexual desde la adolescencia y no escondí mis relaciones con chicas, que eran las problemáticas, a ojos de nadie. Eso no sentó bien en mi familia y nos distanció, les parecía un capricho que nos perjudicaba a todos, como si hubiera una voluntad por mi parte de generar problemas. Lo que yo hubiera querido es que nadie le diera importancia como ocurre con las relaciones heterosexuales.”

Aunque siempre se sintió cómoda con el término, también ha observado una evolución dentro del colectivo que ella expresa así: “Nunca tuve problema en identificarme como bisexual pero es cierto que en un sentido literal para mucha gente se ha quedado corto, por lo que para muchos entre los que me incluyo el concepto se ha redefinido de forma que yo, por ejemplo, me puedo sentir atraída por dos tipos de género: el mío y todos los demás, y así siento que me representa plenamente.”