Pasado el sobresalto de la homosexualidad

Pasado el sobresalto de la homosexualidad

"Mamá, soy poliamoroso": así reacciona mi familia cuando confieso que tengo dos parejas

Padres y madres: Ya pasaron el sobresalto de la homosexualidad, la hija que pasa del negocio familiar y quiere ser artista, el hijo que vive rodeado de gatos y afirma no querer tener hijos, y la aceptación de que la vida de sus hijos no sería como la suya, que quizás no querrían replicar el modelo, tal y como se venía haciendo hasta ahora. Y de pronto eso. Su hijo se aclara la voz, mira fijamente al plato de puchero del domingo y dice: "Mamá, soy poliamoroso".

Soñadores, de Bernardo Bertolucci
Soñadores, de Bernardo Bertolucci | Agencias

SABINA URRACA | Madrid | Actualizado el 28/06/2018 a las 08:34 horas

El señor debe tener cerca de unos 70 años. Sin embargo, se le adivina en la mirada una chispa especial, una alegría que lo vuelve joven, despierto. Llevamos 20 minutos esperando el autobús, y hace 10 que iniciamos una conversación. Sin presiones, sin desprecios ni menciones al deterioro de los valores, sólo por simple curiosidad, me pide que le explique qué es lo que hacemos los jóvenes ahora, hacia dónde va todo esto.

Yo le aclaro que yo ya no soy joven, y él me dice, jocoso: "Anda, a mí no me vaciles". Desde el principio de la conversación veo que es uno de estos personajes inclasificables que no tienen edad; simplemente les ha tocado vivir una época y la han vivido. "¿Tienes muchos amigos homosexuales?", me pregunta.

Le digo que tengo, sobre todo, amigos que hacen los que les apetece, sin definirse. "Sois todos más flexibles ahora, ¿no?", dice. Asiento. Se queda pensativo, toma aire y me pregunta, con genuina curiosidad: "¿Y eso de las parejas abiertas, ¿cómo va ahora? Porque antes no había".

Cuando llega el autobús, ya le he explicado a este señor que me escucha como si no fuese un señor, sino más bien un niño ansioso de saber cosas sobre el mundo, qué es el poliamor. Nos despedimos cuando me apeo del autobús. Me da las gracias.

La última transgresión

Lo dejo ahí, enfrentándose al concepto del poliamor, e imagino a padres, abuelos, tíos, viviendo en sus salones "la última transgresión": Ya pasaron el sobresalto de la homosexualidad, y la aceptación de que la vida de sus hijos no sería como la suya, que quizás no querrían replicar el modelo, tal y como se venía haciendo hasta ahora. Y de pronto eso: "Mamá, soy poliamoroso".

"La reacción de mi familia cuando les conté que tenía dos parejas fue muy buena", dice Jara.

"Les fui contando con naturalidad el proceso que estaba viviendo, desde que empecé a pensar sobre el tema, hasta que decidí que quería hacerlo y tuve una relación simultáneamente, y por separado, con un chico y una chica". Como en muchos casos de padres relativamente abiertos y comprensivos, a los padres de Jara les pareció curioso, pero tuvieron ciertas reservas. "Mi madre al principio se preocupaba porque me veía muy kamikaze con el tema y sabía lo que iba a pasar, pero nunca se opuso".

En el caso de David, que lleva seis años de relación de pareja en la que ambos son poliamorosos, también hubo un recibimiento comprensivo de la noticia por parte de los padres, pero debajo de todo flotaba cierta inquietud. "Mi madre parecía un poco escéptica, pero sin llegar a hacer ningún comentario. Mi padre decía: "Joder, qué modernos, qué bien", recuerda.

Cómo reacciona tu familia

Pero, ¿qué sucede cuando algo que sólo se ha dicho con palabras se hace materia? Para entendernos mejor: ¿Cómo reacciona una madre cuando por su apartamento de la playa se pasean indistintamente, según temporadas, y en ocasiones los dos juntos, los dos novios de tu hija?

"Mis parejas nunca se lo contaron a sus padres y eso me hacía sentir un poco traidora. Sentía que yo era la que lo había orquestado todo y que si sus familias se enteraban me iban a ver como una zorra maligna que había metido ideas raras en las preciosas e inocentes cabezas de sus hijitos", dice Jara. En su caso, sus padres ya conocían a su novio. Cuando llegó el momento, les presentó también a su novia, y se mostraron encantados.

"Para mí fue un poco duro que mi madre la prefiriera a ella que a mi otro novio. Se hicieron muy amigas hasta el punto que ahora, que ya no estamos juntas, la relación entre ellas se mantiene y no depende de mí, cosa que en ocasiones me jode bastante", confiesa.

David nunca ha presentado a sus padres a ninguna pareja que no sea Lila, su pareja habitual, pero Lila sí que ha presentado a los suyos a su otro novio, Germán. "Incluso hemos comido todos juntos: Lila, nosotros dos -sus dos novios- sus padres y su hermano. Ella había hablado un tiempo antes con ellos y les dijo que aparte de mí tenía otra relación. Comimos juntos y todo fue bien, distendido, normal", explica David.

Lloré en el viaje de vuelta

En el caso de Carol, que desde hace un año, tiene dos parejas, Felipe y Tania, la cosa no fue tan sencilla como en los casos de David, Lila y Jara. "El verano pasado, mis padres explotaron. Estaban en una casa que tenemos en la Sierra, en la fiesta de jubilación de mi padre, y yo aparecí con Felipe y Tania. A pesar de que sabían que íbamos a ir, nuestra presencia desató cuchicheos entre los invitados, y mi madre terminó diciéndome que mejor nos fuéramos", recuerda con pesar.

Carol asegura que, ateniéndose al tipo de gente que iba a haber, no se dieron muestras de cariño, actuaron como si fuesen amigos, pero el rumor y la "curiosidad paleta", como la llama ella, fueron más fuertes. "Lloré en todo el viaje de vuelta a Madrid, y estas Navidades he ido a casa de mis padres sin nadie, cuando otros años Felipe siempre venía conmigo", explica.

En el caso de Felipe, que aún no se ha liado con otra persona desde que abrieron la relación, la situación es difícil. "Ni se me ocurre contárselo a mis padres. Se lo conté a uno de mis hermanos, y abiertamente me dijo que Carol se estaba burlando de mí, que cómo dejaba que mi novia tuviese otra pareja aparte de mí, y que igual lo que pasaba es que ella era lesbiana, quería dejarme y no sabía cómo hacerlo. Me quedé hecho mierda", recuerda.

Todo el mundo me decía que saldría mal

Jara también ha vivido reacciones de rechazo por parte del entorno. "Cuando tenía dos parejas se lo contaba a todo el mundo, porque para mí era una cuestión política. La reacción fue básicamente una mierda. Todo el mundo, excepto mi familia, me decía que eso iba a salir mal. Tuve amigos a los que les pedí seriamente que si no les pedía su opinión, por favor no me la dieran", me cuenta.

Muchos de los entrevistados coinciden en la idea de que muchas personas sienten que al hacer las cosas de determinada manera estás dando por hecho que su forma es errónea e intentan justificar continuamente su postura.

Además, en general, la gente tiene límites para la aceptación de ciertos comportamientos no usuales, como la madre que admite que su hijo sea gay, "pero que no se ande besando por la calle con hombres, a ver si va a tener un disgusto".

"En la época en la que tenía dos parejas, trabajé con mi novia durante una temporada y a todos los compañeros les parecía muy gracioso ver a dos niñas monas todo el día roneándose en el trabajo, pero en el momento que les contábamos que yo tenía otro novio la magia se iba por el retrete y miraban para otro lado", recuerda.

También David ha vivido más rechazo por parte del entorno de amigos que de sus padres. "A mí, al conocer a alguna chica y al empezar a vernos y a liarnos, al decirle que tengo una novia, he notado un rechazo. Me han dicho cosas del estilo de: "No lo entiendo, si te gusto tanto yo, tampoco creo que te guste tanto tu novia. Quizás no sea rechazo, sino escepticismo", explica.

No es un capricho

En muchas ocasiones salta la tecla de "buscar culpables", es decir, de señalar a un miembro de la relación como artífice de todo lo "no normal". "He visto cómo muchas personas han pensado que yo era una bicha. Había gente que decía que yo había aprovechado el poliamor para poder follar con tías, porque yo lo que era realmente es lesbiana y que pobrecito mi novio que era tan bueno que aceptaba todo lo que yo quería. Como si todo esto se tratase de un capricho mío y él fuera un osito de peluche", explica Jara.

"Por la razón que sea, la gente siempre tiende a buscar un culpable de la situación, una persona que le está chupando la sangre al resto. Es muy doloroso verlo", dice Carol. David coincide: "Algunos de mis amigos hombres, algunos de ellos heteruzos a la antigua usanza, sí que tuvieron la típica reacción de "uau, cómo mola, puedes follarte a otras tías", y luego cayeron en el "uh, pero ella también puede follarse a otros tíos? Uf, eso no mola".

Tanto para Carol, como para David y Jara, el muro más grueso que franquear para las relaciones poliamorosas parece el social.

"Me han preguntado mil veces por qué me parecía mal la monogamia, por qué me creía mejor que los demás y cosas por el estilo. Yo lo único que quería era que alguien me dijera que confiaba en mí y que todo iba a salir bien, joder. Es muy complicado luchar con los celos, con la falta de tiempo y energía, con las dudas, con los miedos, como para tener a la gente que te rodea dudando de cada paso que das", afirma Jara.

David coincide: "Creo que más que un rechazo, hay un escepticismo, en plan: "Bueno, a ver cuánto duráis así".

Extrapolando esta situación a una a la que estamos más acostumbrados, como es la de la madre sabiendo de la homosexualidad de su hijo, tomándole la mano y diciéndole "Hijo, si yo te acepto, pero es que te vas a encontrar muchos problemas en la vida por ser gay", el mayor obstáculo que parece encontrar la gente en relaciones poliamorosas es el descrédito ajeno, la duda, el escepticismo, unido a las posibles dificultades internas que puede tener alguien que está rompiendo moldes y haciendo nuevos caminos con el único objetivo de estar más a gusto y querer más.

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