“EXPONER LA VULNERABILIDAD JAMÁS ME HARÁ MÁS DÉBIL”

“EXPONER LA VULNERABILIDAD JAMÁS ME HARÁ MÁS DÉBIL”

Leticia Sala, la escritora que encontró poesía en los emojis y WhatsApp

Leticia Sala nació en Barcelona en 1989 y en muy poco tiempo su vida ha experimentado multitud de cambios. Para empezar, en apenas unos meses se ha convertido en una de las jóvenes voces literarias con más personalidad y presencia de nuestro país. Hablamos con ella sobre el giro radical que ha dado su vida, sobre la evolución de las redes sociales y sobre el paso que ha dado su obra de la pantalla plana a un objeto físico de sumo valor, un precioso libro titulado ‘Scrolling after sex’.

Leticia Sala
Leticia Sala | César Segarra

ELISA VICTORIA | Madrid | Actualizado el 31/07/2018 a las 20:29 horas

Se licenció en Derecho, trabajó en la ONU de Nueva York y ejerció la abogacía en su ciudad natal, pero tras estas aventuras legales decidió abandonar su carrera para pasarse los días escribiendo. A través de Instagram, red que sin duda prefiere por encima de Twitter, sus textos empezaron a leerse, a obtener visibilidad, a gustar.

La respuesta fue abrumadora: “Honestamente no me esperaba para nada esta respuesta. Empecé publicando mis textos sin ningún propósito, siempre teniendo miedo de no ser comprendida y pensando que mi reflexión era muy compleja y rara. Conforme fui publicando con más asiduidad, me fui dando cuenta de que siempre hay gente que me dice que lleva pensando lo mismo desde hace tiempo o que han tenido experiencias parecidas. Así que ahora tengo claro que mi canal para pertenecer a este mundo son las palabras. Eso me gusta”.

Así llegó, por parte de la editorial Terranova y a través también de Instagram, la oferta de convertir sus textos breves en una recopilación preciosista desde todos los ángulos, con tapa dura y un diseño excelente de cubierta (para el que se ha creado una tipografía exquisita expresamente para la ocasión), sobrecubierta, por delante, por detrás, por dentro, llena de imágenes sacadas de su propia intimidad, pantallazos de móvil e incluso entradas antiguas de Fotolog.

Scrolling after sex | Leticia Sala

¿Cómo ha sido este proceso de transformación? “En el aspecto técnico, pasar de internet a lo físico no hay sido complicado. ¡Shout out al que inventó los pantallazos! En el aspecto más emocional o creativo, lo fue un poco más. No siempre fue fácil decidir incluir en un libro lo que era un post en mi Instagram. El papel siempre da mucho más respeto. El resultado final me encanta, gracias al diseñador y al editor ha quedado una pieza preciosa”.

Uno de los aspectos que más llama la atención del trabajo como escritora de Leticia es la exhibición de la intimidad, entendida por el público como explícita, asunto que la ha llevado una y otra vez a ser cuestionada sobre los peligros de la exposición. Ella, por el contrario, siente precisamente lo contrario.

“El hecho de que me pregunten tantas veces si no me da miedo exponerme de esta forma me hace plantearme nuestro sentido de la intimidad y el secretismo. De la forma que yo razono, exponer una vulnerabilidad jamás me hará más débil. En todo caso, todo lo contrario, nos hará más invencibles que otra cosa”.

Por otro lado, bien es cierto que esta exposición está velada, es decir, ficcionada, y que cuando los lectores se alarman ante la exposición de las vulnerabilidades, deben tener en cuenta dos aspectos: el primero, que todo lo que leen no es real; el segundo, que la línea que separa autobiografía y ficción no importa nada. Leticia recomendaría dejar de preocuparse por tratar de identificar esta línea.

“Comprendo que como homo sapiens que somos necesitamos saber la verdad porque pensamos que eso nos acerca más a la supervivencia. Pero la literatura debería funcionar de otra manera.”

“Creo que los lectores deberíamos tratar de valorar un libro en función de si hemos resonado con las ideas que presenta, y no tanto ir buscando si eso es verdad o no. Los autores necesitamos colocarnos un paso por delante de la realidad para poder atrapar las ideas en un papel, es como si la realidad tuviera que sacrificarse en beneficio de las ideas. Al mismo tiempo, la realidad es la materia prima de todo escritor. Por eso necesito colocarme en ese punto medio”.

La vida de Leticia Sala ha dado un enorme giro propiciado en gran parte por la literatura. De los tiempos en que ejercía la abogacía, sólo echa de menos “la estabilidad económica, poco más”.

Sin embargo, de las redes sociales del pasado, como Fotolog, añora muchas cosas: “la ingenuidad con la que publicábamos nuestra vida, el hecho de que foto y texto valieran lo mismo, la interface no estaba destinada al cotilleo como Instagram o Facebook, sólo importaba lo que publicabas, no las personas que te seguían y cosas así… Ahora en mi ciudad nos conocemos todos, en esa época éramos un tablero en blanco para el otro y esa persona llegaba a tu vida a través de sus fotos o escritos, como si acabáramos de nacer. Nada de esto se había monetizado todavía, así que era todo más puro”.

‘Scrolling after sex’ incluye piezas que podrían clasificarse en muchas categorías y que forman un conjunto complejo y delicado: relatos ambientados en el pasado y el presente, listas, sentencias, esquemas, dibujos, capturas de conversaciones de Whatsapp, fotografías de la vida cotidiana que reflejan su infancia o la intimidad junto a su novio y su perra. También reflexiones teñidas de humor y melancolía sobre el trascurso de los tiempos y el existencialismo digital que impregna nuestros días.

Preguntada, por ejemplo, sobre el buen gusto en cuanto a los emojis que se menciona en el libro, Leticia responde así: “Es difícil de definir. Creo que es algo sensitivo: cuando se nota que en la elección de los mismos hay ingenio y también elegancia (elegancia en saber cuándo ponerlos y cuántos poner)”.

Por aventurarse en esta clase de sutilezas contemporáneas que apenas empiezan a explorarse con una actitud tan sensible y filosófica es por lo que Leticia Sala se ha convertido rápidamente en una escritora capaz de reflejar las emociones e inquietudes de una generación, brindando comprensión y consuelo a sus lectores.

Dejando aparte autoras de cabecera como Joan Didion, ¿qué escritores son capaces de proporcionarle como lectora sensaciones similares? “Como escritores generacionales mencionaría a Nayyirah Waheed, Lena Dunham, Tao Lin, Ben Brooks, ¡¡¡tú!!!”

¿Yo? ¿Se refiere a mí? ¿A Elisa Victoria? ¿Pude alguna vez haber soñado mejor manera de cerrar una entrevista?

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