El español mola. Así lo cree un número cada vez mayor de jóvenes de otros países: según el último Eurobarómetro, el español es la lengua que más les gustaría hablar a los jóvenes europeos entre 15 y 30 años. Una realidad que plasmó de forma gráfica el lingüista y matemático checo Jakub Marian en un ilustrativo mapa de Europa con las preferencias por países:

MAPA | Jakub Marian FLICKR

El resultado no deja lugar a dudas: alemanes, franceses, británicos, italianos o suecos eligen mayoritariamente la lengua de Cervantes como su preferida frente a otras como el inglés o el francés. Los españoles y los portugueses, por nuestra parte, optamos por el alemán.

Que a los ciudadanos de estos países les encanta el nuestro ya lo sabíamos desde hace tiempo: no hay más que darse una vuelta por las zonas costeras para encontrarlos disfrutando del sol y la comida. Pero, ¿qué es exactamente lo que les atrae de nuestra lengua, más allá de que la hablen 570 millones de personas en el mundo? ¿Qué es lo que más les cuesta a la hora de aprenderla?

“El español es la lengua más bonita del mundo”, asegura con entusiasmo Laura, joven alemana que entró por primera vez en contacto con nuestro país a raíz de una beca Erasmus. Hoy está casada con un español. “A pesar de que ya hablaba italiano, no fue sencillo”, reconoce. “¡Los españoles hablan muy, muy deprisa! Eso sí: todos hacen siempre por entenderte y se muestran simpáticos y amigables. En Alemania te estaría corrigiendo al primer error”.

¿Lo más difícil del español para un alemán? “La pronunciación de algunas letras”, confiesa Laura. “Los alemanes sencillamente no somos capaces de decir bien nombres como ‘Jorge’. ¿Una jota y una erre tan juntas en una misma palabra? Imposible. También nos pasa con la c española en palabras como ‘cerveza’. Creo que hay que hacer verdaderas acrobacias con la lengua y el paladar”, bromea. Más o menos, las mismas que debe hacer un español para decir correctamente palabras como ‘Geschlechtsverkehr’, un enrevesado trabalenguas para designar lo que en España es simplemente ‘coito’.

Michael vino de Nueva York para estudiar un curso académico en Madrid, y no tardó en enamorarse de todo lo que tiene que ver con la cultura española. “El arte, la historia… El hemisferio occidental es el hemisferio español”, asegura con contundencia. Y para conocerlo en profundidad, había que hablar el idioma, algo que a su vez le ha abierto las puertas para viajar a varios países de Latinoamérica.

“Creo que lo más difícil es mantener la práctica”, asegura Michael, que hace años que volvió a su país. “Lamentablemente no hablo español lo suficientemente bien como para expresar mi personalidad completamente, lo que a menudo me lleva a mezclarlo con el inglés cuando estoy con amigos españoles”, se disculpa en un español más que depurado.

Zayid vino de un país mucho más cercano: Marruecos. Lo hizo en 2002. “En aquel momento no hablaba casi nada de español, más allá del ‘buenos días’ y ‘buenas tardes’”, recuerda. “Al principio resultó duro, pero fui acumulando verbos y palabras y trabajando por mi cuenta, no de manera académica sino mental”, explica. Como Laura, Zayid también ha encontrado pareja española, con la que vive en un pequeño pueblo de Guadalajara.

“Conozco a muchos marroquíes que se encierran en su cultura y no tienen interés en aprender español, más allá de unas pocas herramientas para valerse en el día a día”, lamenta Zayid. “Pero también hay una parte que se muestra muy interesada en aprender cada día más, porque la lengua es fundamental para integrarse en un país”, apunta.

Tania llegó a España procedente de Ucrania en 2016. Y en sólo dos años habla español mejor que algunos nacidos aquí. “Me enamoré de Barcelona, aunque ahora vivo en Madrid”, cuenta. Aquí estudia un máster y trabaja en el campo de la animación. “Antes de venir había hecho varios cursos en una escuela de idiomas en mi país, pero no podía practicar con nadie”, recuerda. “Veía películas españolas y americanas dobladas al español para que no se me olvidara”.

El español y el ucraniano son idiomas “muy diferentes”, apunta Tania. ¿Lo más difícil? “Creo que el subjuntivo”, responde tras pensárselo unos segundos. “Pero en realidad tampoco es para tanto. Como en todos los idiomas, la clave es practicar mucho y no parar de escuchar. En cualquier caso, el español no es un idioma difícil en absoluto: ¡el francés es mucho peor!”.