La huelga supuestamente indefinida de taxistas con la que exigen la regulación de los vehículos VTC ha destrozado todos los pronósticos y se ha convertido en una de las más largas que se recuerdan y en uno de los conflictos laborales más graves y complejos del Madrid de las últimas décadas.

Taxistas y Comunidad de Madrid no consiguen llegar a un acuerdo y, de momento, han sido los taxistas los que han perdido la primera la batalla. La huelga ha sido desconvocada, pero podríamos estar hablando simplemente de una pausa.

La cuerda se está tensando demasiado. La tensión y el caos son una olla a presión que puede estallar en cualquier momento.

Estoy convencido de que muchos taxistas, cuando piensan en los trabajadores de Uber y Cabify, probablemente estén diciéndose a sí mismos cosas del tipo: “Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria” o “Escuchad imbéciles de mierda, aquí hay un hombre que va a cortar por lo sano, un hombre que va a hacer frente a la chusma”

Quizá suene un poco exagerado o peliculero, pero estas frases ad hoc pertenecen a la película ‘Taxi Driver’ de Martin Scorsese. Para mí, y espero que para todo el mundo, una obra maestra indiscutible y uno de los films más poderosos de la historia.

Su protagonista, Travis Bickle, la futura estrella Robert DeNiro, es un veterano de Vietnam que consigue un trabajo como taxista nocturno en Nueva York. No es precisamente uno de esos taxistas-cuñado que te ponen la cabeza como un bombo, no.

Travis recorre las calles de la Gran Manzana mientras radiografía la flora y fauna de la urbe nocturna. Odio, rabia, furia, asco… un montón de emociones, no precisamente positivas, se van acumulando en el angustiado y atormentado Travis, quien de alguna manera, se ve a sí mismo como ese ciudadano ejemplar que sobrevive en un mundo dominado por un sistema político diabólico y podrido.

Todos en algún momento de nuestras vidas somos Travis Bickle. Todos vivimos situaciones burocráticas en las que la desesperación nos devora como si fuera un incendio. De hecho, el guionista, Paul Schrader, escribió Taxi Driver en un momento de desesperación extrema en el que un coche era también el protagonista de su vida, ya que solía dormir en su automóvil con la única compañía de una pistola que en más de una ocasión apuntó a su sien.

El propio Schrader dijo: “este guión supuso para mí un exorcismo a través del arte”.

La prueba de que la realidad no dista demasiado de la ficción es que en 2016 conocimos a Nacho Castillo, alias 'Peseto Loco', un ex boxeador y líder de los radicales del taxi que fue condenado por disparar contra un coche de Cabify. Se convirtió en un icono de las protestas, y no sólo eso, sino que su estética, actitud y cresta punk lo convirtieron en una especie de Travis Bickle a la española.

Podría decirse que Nacho Castillo es la hipérbole de cualquiera de esos taxistas que cada mañana se levantan y se observan frente al espejo, cual DeNiro, y se preguntan cuándo, cómo y quién va a poner punto y final a esta situación. Una situación que, tanto ellos como nosotros, esperamos a que no acabe como el final de Taxi Driver.