Se trata de un documento de 22 páginas fechado en el año 1976, uno de los momentos en los que la leyenda del Yeti estaba en boca de todos. Tanto, que el FBI decidió investigarlo.

En aquel tiempo, eran centenares los estadounidenses que aseguraban haber visto a la peluda criatura deambulando por los bosques de varios estados del país, especialmente en el noroeste. También en Canadá.

Uno de esos ciudadanos, el director del Bigfoot Information Center and Exhibition, Peter Byrne, envió al FBI una muestra de pelo junto a un pequeño trozo de piel que, supuestamente, pertenecían a un misterioso homínido.

Aunque el FBI no suele atender este tipo de peticiones, en esta ocasión hizo una excepción dada la alarma social que existía en aquellos años.

Jay Cochran, responsable en aquel tiempo de la División de Servicios Técnicos y Científicos del FBI, dio a Byrne una respuesta contundente.

El pelo y la piel pertenecían, en realidad, a un animal de la familia de los ciervos. Ni rastro de evidencias sobre el Yeti.

Pese al veredicto muchos norteamericanos siguieron -y siguen- creyendo en la existencia de este ser mitológico.