ÓPERA PRIMA DE EDUARDO CASANOVA

ÓPERA PRIMA DE EDUARDO CASANOVA

Pieles: la ternura repugnante del John Waters español

Eduardo Casanova estrena una rotunda ópera prima con el respaldo de Álex de la Iglesia. Pieles, es casi un manifiesto, una propuesta dura e innovadora que muchos ya han relacionado con el primer Pedro Almodóvar o cineastas como el incorregible John Waters.

Pieles, de Eduardo Casanova
Pieles, de Eduardo Casanova | Remitido

JORGE LOSER | @loserjorge | Madrid | 09/06/2017

A los que hayan rastreado la carrera como director de cortos de Casanova, no le sorprenderán las comparaciones con John Waters, en maridaje de celuloide con Pedro Almodóvar. Desde luego, su obra no hace quiebros para escapar de su pertenencia a la cultura queer.

En sus primeras piezas ya se encuentra el estilo feroz, lleno de sexualidad subversiva y humor escatológico del de Baltimore disuelto en una buena base de melodrama castizo del manchego.

En ‘Pieles’, el debutante, expone de manera afilada y provocativa nuestras relaciones con nuestros propios cuerpos y los de los demás. Pero claro, antes hay que poder atravesar su capa de imágenes y situaciones incómodas, perfectamente diseñadas para dejar cicatriz en algunas mentes y ofender sensibilidades.

Eduardo Casanova presenta 'Pieles' en Málaga | Gtres

Pieles deja claro desde el minuto uno que no es una película de sutilezas. Dentro de su cuidada estética de diversas gradaciones de rosas y pastel, una mujer mayor, totalmente desnuda, ejerce su papel de madame en un burdel en la que una niña sin ojos canta para su cliente, un pederasta que llora porque su hijo ha nacido sano.

Todo muy suavecito. Pero esto es sólo su introducción, una declaración de intenciones que se extenderá sobre su primera media hora a modo de viñetas bizarras, inquietantes y a menudo inapropiadas que presentan a sus personajes, casi todos con algún tipo de deformidad física o discapacidad.

Todos ellos se muestran sin filtros de luz, sin máscaras ni telas, creando un contraste inmediato con un fondo bañado en nuestros prejuicios y concepciones de la belleza, el aspecto exterior o las discapacidades.

Es innegable, pues, que Casanova fuerza un espectáculo basado en lo grotesco con cierto ánimo de levantar ampollas y que probablemente cabree tanto como divierta a los paladares más extremos. Al final, la sobrecarga feísta y extravagante se va revelando como una forma positiva de retirar ciertas mordazas y nunca se percibe como burla sino como un desafío a las nociones estéticas predominantes o lo que se considera normal.

Tampoco imagina a los rechazados por la sociedad como enfermos y aplica un tono libre de cualquier romanticismo o piedad. También caen presas de la vanidad, la vergüenza, las fobias y sobre todo, los instintos de esconderse, cambiar o conformarse con los dictados de una cultura basada en la superficialidad, en este aspecto, los protagonistas si serían las víctimas de un régimen opresivo de la belleza.

Fotograma de 'Pieles' | Agencias

‘Pieles’ acaba contando lo mismo que la pieza de empoderamiento de la “anormalidad” por excelencia: el ‘Freaks’ de Tod Browning. Su misma filosofía se aplica de forma alegórica a la cotidianeidad de los seres marginales del siglo XXI, a través de deformidades de terreno fantástico como Samantha y su boca en forma de esfínter anal que recuerda, tal y como sugería el póster, a una creación de body horror salida de películas como ‘Society’ de Brian Yuzna, el surrealismo salvaje de Noboru Iguchi o la candidez transgresora de Sion Sono.

Peca un poco Casanova de organizar su relato como un conjunto de cortometrajes, pero después de saltar entre diferentes historias y escenarios de forma algo aleatoria, su estructura se va revelando más ambiciosa, como un conjunto de subtramas que se unen gradualmente.

Pieles, de Eduardo Casanova | Remitido

No se corta tampoco con la escatología. Hay escenas diseñadas para crear una sensación de repugne más allá de la provocación intelectual. Pieles resbala en sus momentos en los que se quiere parecer más a ‘Taxidermia’ que al cine de Todd Solondz y al final resulta algo menos radical en su propuesta de lo que realmente se cree.

La historia no deja de ser una fábula simple. Está claro que su cuidada estética, con un diseño de producción que enfatiza lo artificial a través de sus colores y luz, es prácticamente inédito en nuestra cinematografía y logra llevar con gracia postulados de video arte a la gran pantalla de forma natural.

Su configuración visual funciona como una lente de exageración que desvía tu mirada hacia lo que muy rara vez se representa en la era de las fotos con plano picado para parecer delgados, con filtros y con las caras a medio ver de los perfiles porque queremos esconder con misterio en las redes sociales nuestro físico real.

Nuestros miedos a cómo somos vistos por los demás, al reflejo de lo que realmente somos por fuera también se ven reflejados en el mensaje de ‘Pieles’.

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