La tercera temporada de ‘Stranger Things’ sigue confirmando el fenómeno que supuso la irrupción de la serie de Netflix hace ya tres años. Casi sin comerlo ni beberlo, nos hemos acostumbrado a la idea de pandillas de niños contra monstruos, como si no hubiera sido un revival de una época muy concreta del cine fantástico y lo diéramos por hecho.

La nostalgia, el resumen de tiempos en los que lo maravilloso estaba asociado a la magia del cine, la necesidad de franquicias, marcas y cosas inventadas como seguro de vida para tantas productoras, ha dado con una fórmula de éxito que, sin pretenderlo, se ha convertido en una moda. Ahora bien, no todo lo que había en los ochenta sale en la serie de los hermanos Duffer. Si en España teníamos ‘Verano Azul’, en Australia ‘Valle Secreto’, en toda Europa ‘El Profesor Poopsnaggle’… ¿Qué tenían los niños en Japón? ¿Cuáles son sus ‘Goonies’?

La película ‘Drifting Classroom’ de 1987 se basaba en el prestigioso manga de terror ‘Aula a la deriva’ del maestro japonés del estilo, Kazuo Umezu. El cómic cuenta, a grandes rasgos, como a toda una escuela primaria se transporta repentinamente, sin una razón concreta, a un duro desierto post-apocalíptico en un futuro lejano hasta transformarse en una especie de versión de ‘El señor de las moscas’ con salvajismo, paranoia y pánico. Su adaptación al cine, bien, es un tanto peculiar.

No tiene demasiado que ver, pese a que, sobre el papel, la premisa sea más o menos similar. Aquí la escuela es internacional (con niños japoneses nativos y occidentales) pero su destino sobre un desierto árido coincide, un desfase temporal hace que traten de volver a casa mientras lidian con los problemas derivados de la falta de comida y el agua. Hasta aquí bien.

Pero claro, el director encargado fue Nobuhiko Obayashi, un nombre que así, a priori, pues no se localizará en la memoria para los muchos que no hayan visto ‘Hausu’, de 1977, una de las mayores locuras del cine de terror y fantástico japonés que mezclaba la lógica de los tebeos infantiles con los films de casas encantadas, fantasmas, yokai y hasta telenovela adolescente. Todo ello con mutilación, filias niponas, cabezas volando, estética kitsch y dibujos animados. Su ritmo de montaje frenético y algunos detalles sobrenaturales se pueden rastrear en la electrizante ‘Posesión Infernal’ de Sam Raimi.

 

‘The Drifting Classroom’ no es como la anterior, entre otras cosas porque, a diferencia del tebeo que adapta, es una película dirigida a los niños. Esto no significa que no comparta con ‘Hausu’ un sentimentalismo camp con personajes caricaturescos, use efectos especiales naif y añada sacarina de forma ridícula, solo que no lo compensa con escenas de gore y violencia.

El contraste viene por otro frente, puesto que como película dirigida a los más pequeños no es precisamente apropiada por otra serie de razones que, si bien la ratifican como una mala adaptación, la convierten en un asombroso y surrealista producto infantil imposible. Los decorados son extraños fondos oníricos dignos de Dalí, hay planos ridículamente largos de madres rarunas que sonríen o lloran, los niños se ponen a cantar arbitrariamente, hay algún alarmante desnudo ocasional y los diálogos a menudo no tienen demasiado sentido.

A pesar de que Umezu, al autor del manga, tiene un pequeño cameo como uno de los policías, tampoco tienen mucho que ver con ‘Aula a la deriva’ las criaturas en esta película, mucho menos amenazantes, aunque no menos fascinantes. Bichos gigantes con destellos, cucarachas hechas con stop-motion y un pequeño extraterrestre al estilo ‘Nuestros maravillosos aliados’ y otras películas de la etapa Spielberg, solo que aquí, cuando se encuentra a los niños se da la vuelta y les echa su meada para que se laven las caras de arena en ese desierto asfixiante.

¡Qué alivio!, y, mientras en occidente recordamos el “E.T., mi casa, mi teléfono” los niños de los ochenta japoneses recuerdan la divertidísima escena de la fuente de orina mojando a un par de gemelos entre otros disparates.

 

Aunque no tenga escenas sangrientas, ‘Drifting Classroom’ no escatima escenas potencialmente traumáticas. En una de ellas algunos alumnos se encuentran con una profesora que se ha ahogado en arena y la vemos saliendo de su boca, hay un maníaco con un cuchillo, niños en llamas... por supuesto, algunas de las cucarachas gigantes que asedian la escuela se comen a algunos de los estudiantes. También hay algunos comportamientos sexuales raros, como el protagonista espiando a su madre por detrás mientras está desnuda.

O al final, cuando la clase ve que no hay esperanza para que la escuela regrese a la Tierra, y los chavales contemplan tener relaciones, expresándolo con un simple "¡Quiero un bebé tuyo!”. Aunque la línea argumental más problemática es la de un profesor enamorado de una alumna menor que idealiza y romantiza de forma inocente (con lógica de cine infantil) pero que no deja de ser jodidamente enfermizo.

 

‘Drifting Classroom’ quiere ser ‘Exploradores’ y le sale un anime de acción real, tan absurdo como Shin-Chan y tan colorido y alucinado como un videoclip de J-Pop. Un jarabe de sátira corrosiva de todas las películas para niños, telenovelas, anuncios de refrescos y grandes almacenes de los 80 condensado en una burbuja frenética y mutante que ataca a la cultura de masas e incluso el capitalismo.

Un enfoque esquizofrénico que acaba con niños cantando "When the Saints Come Marching In" con un trombón. Si la cadena de animación incorrecta para adultos Adult Swim pretendiera hacer algo tan absurdo y ofensivo no lo conseguiría ni queriendo.