“Vil, Cruel, sádica, asquerosa, vomitiva”: así es ‘The House That Jack Built’

“Vil, Cruel, sádica, asquerosa, vomitiva”: así es ‘The House That Jack Built’

Lars Von Trier la lía parda en Cannes (y no es la primera vez ni será la última)

‘The House That Jack Built’ es la película con la que ha regresado a Cannes Lars von Trier tras su exilio no voluntario de siete años. Su pase ha provocado que decenas de personas salieran en estampida de la sala. Un thriller de terror psicológico protagonizado por Matt Dillon, Uma Thurman y Bruno Ganz, trufado de imágenes incómodas de violencia, que en algún caso incluye a niños. Repasamos, de paso, los mayores desafíos del director al festival y en su filmografía.

Lars Von Trier
Lars Von Trier | Agencias

JORGE LOSER | @loserjorge | Madrid | 18/05/2018

Qué le vamos a hacer. Lars Von Trier sigue triste. El cineasta, incapaz de llenar el vacío en el centro de su alma hace lo que puede para completar su ying y yang. El otrora enfant terrible del cine independiente europeo dice estar deprimido y parece haber claudicado en aquello del disimular con coartadas artísticas y lo que le va ahora es, sencillamente, hacer el punki.

Sacar la vena y pincharse en público, cagarse en el convento, enseñar la polla en medio de su discurso de jubilación. Ya analizábamos que la falta de alcohol y drogas le estaba pasando factura, y su colección de idas de olla empezaba a ser preocupante. Pero nada, el tipo se ha vuelto a superar. Nada menos que hasta 100 personas indignadas saliendo de una sala de cine. Sí, hombre, que últimamente nos han vendido un poco la moto con películas como ‘Raw’ en la que la gente se mareaba, y luego tampoco era para tanto.

 

Pero el caso de ‘The House That Jack Built’ es diferente. Parece, al menos, distinto porque representa demasiado bien al autor. La película provoca de forma tangible, sabe lo que quiere y eso se transmite al espectador. Es decir, por poner un poco de gore y asesinatos no nos vamos a escandalizar, pero al parecer, el problema es que la cosa es demasiado sadiana, viciosa, cruel.

Algunos hablan de que lo verdaderamente ofensivo de la obra es que el personaje principal es un alter ego de Von Trier y se nota demasiado que las mutilaciones infantiles y a mujeres son expresiones autoconscientes de su voluntad. ¿Qué pasaría si la hubiese presentado un director novel, un desconocido, un cualquiera?

Probablemente habría revuelo, claro, pero igual no tanto. En vez de cien periodistas, habrían salido solo cincuenta de la sala. Y es que Von Trier viene de una relación turbulenta con Cannes, de donde fue expulsado tras una conferencia de prensa en 2011 en la que, en broma, se autoproclamó nazi. Después se dedicó a ir con una camiseta de ‘Cannes: persona non grata’ por otros festivales. Como un adolescente de 62 años. Pues si alguno pensaba que no estaba para estos trotes, se equivoca.

De su nueva película han dicho de todo menos bonita.

Que es una nota de suicido del cineasta:

 

Que si abyecta, pretenciosa, vomitiva y una tortura:

 

Que si verla es un infierno:

 

Que si nunca han visto nada así en un festival:

 

En resumen, una colección de piropos que podrían llevar a tirarse por la ventana a cualquier director novel, pero dudosamente al danés, que ya tiene callo en estas cosas. En 2009 presentó ‘Anticristo’, en su momento, su película más controvertida. Con escenas de sexo real y violencia gráfica del estilo de pollas eyaculando sangre o niños volando por la ventana. El jurado le dio a la película un "anti-premio" y la calificó como la "película más misógina del autoproclamado 'director más grande del mundo'".

 

Tras el numerito de 2011, con ‘Melancolía’ volvió a la senda de un cine con sensibilidad dramática sin buscar excesos. Aunque ya estaba excluido del festival francés, pronto volvió a las andadas con su díptico ‘Nymphomaniac’ con más o menos cinco horas de drama y porno con actores de verdad, en la que te podías encontrar al chaval actor de ‘Transformers’, en pleno mete saca sin truco, cuando la tercera entrega de la saga de “roboces” gigantes aún andaba en el cine. Igual el mito de Shia Labeouf empezó aquí. La película tenía todo tipo de escenas explícitas, algunas tan suaves como una doble penetración con dos negros y Charlotte Gainsbourg.

Pero que nadie piense que la cosa es de estos años. En ‘Rompiendo las olas’, de 1996, contaba la historia de una mujer perturbada que creen que la voluntad de Dios la obliga a tener relaciones sexuales con otros hombres, porque cree que así mantendrá vivo a su marido paralítico.

Le seguiría ‘Los idiotas’, una película con la que quería defender su manifiesto Dogma (que acabó en eso, pataleta) en el que un grupo de personas simulan estar mentalmente discapacitadas para desafiar la represión de la creatividad de la sociedad. La cosa, para variar, acababa con sexo explícito con tipos haciendo de disminuidos. Ligerito siempre.

Luego hizo la que muchos consideran su obra maestra, ‘Bailando en la oscuridad’, por la que muchos aún le siguen perdonando sus gargajos sensacionalistas. Quien no le perdona es Bjork cuya experiencia en la película fue tan dura que acabó por respeto a sus compañeros, pero luego huyó del rodaje y juró no volver a actuar. En el momento del #MeeToo l cantante denunció el trato vejatorio y abuso verbal del director.

Paul Bettany le define como el cruce entre “Woody Allen y una dominatrix”. No es el único caso relacionado. En diciembre, nueve mujeres denunciaron a la compañía de producción de Von Trier, Zentropa, por acoso sexual. Varias acusaciones fueron dirigidas al cofundador de la empresa, que es el productor de ‘The House That Jack Built’, Peter Aalbæk Jensen.

Independientemente de esto, la nueva película dejó al director con tal estado de ansiedad que se ha pasado a los cortos. Además de pasarse con la bebida, claro. Su nueva bomba ha sido definida como “Vil, nunca debería haberse hecho”, y describen que contiene escenas de niños mutilados y violencia gratuita contra las mujeres. También la han definido como la versión que nadie ha tenido valor de hacer de la novela ‘American Psycho’.

En realidad, se está leyendo como un reflejo de su propia vida y su culpabilidad por las burradas que ha hecho el nombre del arte, cuestionando o abriendo preguntas sobre el valor del trabajo creativo, sus límites y la propia razón que mueve a hacerlo. Gane quien gane, la película que va a recordar el mundo tras esta edición de Cannes es de Lars Von Trier.

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