El corto de los Lumiere con la salida de los empleados de una fábrica francesa, es lo que hoy publicaríamos en Instagram, gente caminando por la calle. Solo que ahora le añadiríamos emojis, y tal vez una caca de unicornio. En este caso, en 1895, tuvo un formato cuadrado porque la fotografía de la época tenía ese mismo formato, las fotos era cuadradas, ergo el cine era cuadrado.

El cine era cuadrado

Durante medio siglo, hasta los años 50, el formato cuadrado era el único que existía, y entonces pasó hago que hizo inventarse el panorámico. Lo que hoy sería nuestro móvil a pantalla completa y en horizontal.

Unos dicen que el panorámico surgió porque lo normal para nuestro cerebro es ver las cosas en horizontal, pues nuestros ojos están alineados así (tenemos dos, y está uno al lado de otro).

Otros dicen que es la forma de sacar más partido a la fotografía de los westerns, que era el género de moda de la época, pues solo con el formato panorámico podías ver esos grandes desfiladeros o como los indios cabalgan comiéndole el terreno a los vaqueros.

Y otros opinan que si los escenarios de los teatros son más bien panorámicos, también deberían ser así los cines.

Lo cierto (tal vez) es que, en los años 50, el cine estaba viendo como la televisión le comía la tostada. La gente pasaba cada vez más tiempo en casa, viendo programas y películas gratuitas en sus teles, y la industria del cine tenía el miedo de que se dejara de ir al cine.

Por tanto, había que ofrecer algo diferente, con valor añadido, para que las salas nunca quedaran desiertas.

De hecho, nunca se han vaciado. Desde que existe el cine la gente ha ido a verlo. Y mira que las películas a veces no han jugado a favor.

Sin embargo, es cierto que ver un filme en pantalla grande y en color cinemascope es una experiencia tremendamente llamativa, si lo único que ves en la tele es una pobre señal cuadrada y en blanco y negro.

Dar más calidad e innovar parece que fue buena idea porque el formato panorámico sigue utilizándose hoy en día.

Y llegó el VHS

Casi 50 años después, en los 80, la industria volvió a tener miedo de que las salas se quedaran sin público. Los vídeos VHS se habían popularizado de tal forma que cada casa era un cine que podía proyectar lo que quisiera.

Además, en EE UU hubo un boom de cadenas de televisión, y pasaron de tener una decena a 100 canales por casa.

En los 70-80 la gran oferta de entretenimiento audiovisual doméstico volvió a acongojar a las mayors de la industria del cine. Así que hubo que inventar el cine con gafas en 3D, y se potenció de forma muy particular todo lo que mejorara el sonido, surgiendo así los estándares Dolby, THX, etc.

Todo esto nos demuestra que la industria no inventa para que seamos más felices y disfrutemos más, sino porque teme perder nuestra atención, y saca nuevos productos mejores o más llamativos para intentar alargar su negocio.

Y la cosa cambió de nuevo en 2010

Sabiendo que el formato panorámico es “el bueno”, resulta extraño ver como Instagram optó por el formato cuadrado para sus fotos.

Tiene su lógica, las fotos cuadradas aprovechaban mejor el espacio de los primeros smartphones y mantenían ese tono retro de las polaroids. Con esto, regresamos a utilizar un estándar que jamás habríamos soñado volver a resucitar, la pantalla cuadrada.

Y surgió de nuevo una nueva oportunidad de innovar, todas las redes sociales entraron en lucha por crear nuevos formatos y hacerse con la esencia de los posts.

Instagram acabó siendo la red más popular y acabó con la hegemonía de Snapchat para compartir instantes espontáneos, y el formato se hizo vertical.

Lo que jamás de los jamases habrían imaginado los cineastas de toda la historia de la humanidad, que nuestras grabaciones domésticas no serían ni cuadradas ni horizontales, sino verticales.

Da igual que tengamos un ojo al lado del otro, que con ese formato nunca podamos grabar como es debido una persecución de indios y vaqueros, o que las televisiones y los cines no proyecten en vertical.

Da igual.

Este formato representa mejor la figura humana, porque podemos mostrar de un solo vistazo a alguien de pie, o su rostro, como Narciso arrodillado en el lago. O tal vez no.