El coto de caza de jóvenes son las redes sociales, no solo porque el anonimato lo ponga fácil, sino porque el chivatazo de que una chica puede necesitar dinero salta de inmediato, a golpe de chat.

“Cuando un productor recibe el soplo de que una chica necesita dinero, porque está en una situación vulnerable o porque quiere independizarse y vivir otra vida, empieza a lanzar sus redes sobre ella cuando aún es menor de edad, con la idea de grabar la primera escena porno el día de su 18 cumpleaños”, explica López Fauste.

Gracias a la información que subimos a nuestros perfiles, un pornógrafo puede conocer fácilmente si su víctima podrá defenderse de una encerrona porno, o si por el contrario caerá sin poner oposición.

Pueden ver si su entorno está cercano a ella, si tiene buena relación con sus padres, si tiene estudios, o si realmente procede de un ámbito con dinero que pudiera judicializar cualquier problema y pelearlo hasta las últimas consecuencias.

Cuanto más humilde es el nivel de las chicas, más fácil es hacerles entrar en este juego.

No son ofrecimientos explícitos. Se empieza proponiendo una sesión de fotos, algo sin inclinaciones eróticas, y poco a poco se van tanteando los límites de la chica, sus necesidades y el momento en el que hacerle la auténtica propuesta: acostarse con un desconocido por 300 euros y grabarlo todo.

Aunque, como indica López Fauste, las condiciones no siempre se cumplen.

Según la sexóloga Adriana Royo, el vínculo que establecen las chicas con sus productores es similar al que se ejerce en una secta entre el gurú y los captados.

Porque él se convierte en un benefactor, en alguien del que dependes y del que cada vez te sientes más vinculada: atrapada emocional y económicamente.

López Fauste también indica que la estigmatización de estas chicas es una de las causas por las que salir del porno resulta tan difícil.

Es una pescadilla que se muerde la cola, siempre que exista un vídeo porno de una chica que busque trabajo y una vida nueva fuera del porno, existe la forma de hacerle la vida imposible.

Porque cuando los jefes, compañeros de trabajo y pareja de la chica vean sus vídeos, probablemente ella no logrará encontrar la nueva oportunidad que espera.