Creía que el contenedor verde era el del cristal. Y no, es solo de vidrio. El cristal no va ahí. Así que si tienes unos vasos de cristal, un espejo o un portaretratos roto, échalo al contenedor orgánico (el de todo lo que no va en los otros).

Cuando estás cocinando y utilizas una lata o un frasco de tomate frito o una conserva grasienta. No basta con que los eches a reciclar y ya te des una palmadita en la espalda. Antes tienes que enjugarlos. Si tiras los botes, latas y frascos sin enjugar, estás enviando a reciclar basura orgánica que luego será difícil de procesar.

Al contenedor de papel no va el papel de cocina sucio, ni las servilletas ni los pañuelos de papel. Porque están sucios, y pueden manchar el resto de residuos que sí están bien separados. Tampoco debes tirar al contenedor del papel los cuadernos con anillas metálicas, ni los sobres con ventana de plástico.

Si tiras las botellas de agua con su tapón, no solo reciclas el plástico, también estás enviando a un largo viaje al aire que hay dentro de la botella. Y si aun le quedaba agua, también. La forma correcta de deshacerse de una botella de agua es sin el tampón, y aplastada completamente: para que ocupe menos espacio. Y, por supuesto, sin la etiqueta de papel.