La ONG Accem lanza, con ironía, la campaña ‘Save a hater’

La ONG Accem lanza, con ironía, la campaña ‘Save a hater’

Salva a un ‘hater’

La actividad de los ‘haters’ y los ‘trolls’ en el mundo online, protegidos por el anonimato, puede tener graves consecuencias en el mundo físico relacionadas con la difusión del odio y la polarización social: violencia física contra individuos, discriminación, auge de las posturas de extrema derecha, etc. La ONG Accem lanza, con ironía, la campaña ‘Save a hater’, que denuncia estas prácticas y enseña a ser un ciberactivista contra el ciberodio.

Love Hater
Love Hater | Agencias

Más de 12 millones de personas viven en España en situación de pobreza y exclusión social. Suponen un 27% de la población. Y por lo general su exclusión no está causada por ellos mismos, sino por las circunstancias que les rodean.

Sin embargo, en los últimos tiempos aparece un nuevo grupo en riesgo de exclusión que surge con fuerza y cuya exclusión se debe a sus propias actividades. Se trata de los ‘haters’, esos que difunden el odio y el mal rollo en las redes sociales que, gracias a ellos, se han convertido en territorio comanche. El ‘hater’ quiebra la convivencia, genera bronca y sufrimiento, difunde bulos peligrosos, toca las narices, carcome la sociedad. Y se autoexcluye.

Lo de decir que los ‘haters’ están en riesgo de exclusión es una broma, claro, una que utiliza la ONG Accem, dedicada desde 1990 a mejorar la vida de las personas excluidas, para llamar la atención de un fenómeno que consideran amenazante. Dicen que quieren combatir la delicada situación de los ‘haters’ y por eso han lanzado la campaña ‘Save a hater’.

Están decididos a salvar a este colectivo: quieren sacarlos de sus oscuros agujeros cibernéticos y reinsertarlos en la sociedad como personas de provecho. Así, de paso, nos libraremos de la difusión del racismo, la xenofobia, la misoginia y la polarización social.

Desgraciadamente nos gustan más las mentiras que las verdades: según investigadores del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) que estudiaron tuits emitidos entre 2006 y 2017, la mentira se extiende mucho más rápido y eficazmente que la verdad. Las mentiras suelen ser más sensacionalistas, más indignantes, más grandilocuentes que las sobrias verdades: eso hace que corran como la pólvora.

Peligros del hater

Lo primero que hay que entender es que las redes sociales no suponen una realidad paralela a la realidad hecha de átomos, sino que ambas realidades son la misma y que lo que ocurre en una afecta a la otra. Con la irrupción de Internet pensamos que el mundo online discurría por sus propios cauces, pero ya sabemos que lo que hacemos en las redes tiene consecuencias, para bien o para mal.

La popularidad digital puede catapultarnos al éxito material, mientras que la difusión de bulos y ‘fake news’ puede afectar en las elecciones o generar episodios de violencia contra personas.

“Las víctimas de ataques en redes sociales, foros o en el apartado de comentarios de noticias en los medios de comunicación, sufren daños psicológicos, miedo al rechazo y a ser agredidas”, denuncia Accem. El auge de la extrema derecha es en buena parte propiciado por la difusión de noticias y datos falsos, que nadie se ocupa en corroborar, más que en cifras reales. La emoción se superpone a la razón.

El anonimato que pueden proporcionar las redes sociales ahonda en esta sensación de impunidad a la hora de decir lo que nos de la gana, cosas que nunca le diríamos a alguien a la cara en el mundo físico. Detrás de un pseudónimo los haters pueden difundir mensajes de odio con mayor facilidad y sin consecuencias. A veces, los mensajes de odio se camuflan en forma de humor y cuando se denuncian se contrapone la “dictadura de lo políticamente correcto”.

Los ‘haters’ también tienen sus momentos de gloria: “Son oportunistas y malintencionados, aprovechan contextos o eventos específicos, como atentados terroristas, decisiones políticas o eventos deportivos para lanzar sus mensajes, fomentar el extremismo y provocar la polarización de la sociedad”, informa Accem.

La misoginia también es un problema en las redes sociales: la exposición pública de las mujeres puede conllevar la aparición de mensajes sexistas o humillantes, sobre todo si se trata de la defensa de las posturas feministas que a veces provocan reacciones muy violentas. Muchas veces esos mensajes están relacionados con el aspecto físico de las mujeres o con los asuntos sexuales.

Aunque empresas como Google, Facebook, Twitter o YouTube tienen normas sobre la publicación de contenidos discriminatorios y mensajes de odio, y cuentan con sistemas de denuncias, “hasta el momento estas empresas no han demostrado tener la capacidad para retirar a tiempo el contenido agresor y muchas veces permanece en la plataforma a pesar de las denuncias”, explican desde la ONG.

¿Qué hacer?

En Accem han publicado un manual que da algunas recomendaciones para convertirse en un ciberactivista contra los haters en nuestra experiencia digital cotidiana: en las redes sociales, en aplicaciones como WhatsApp o en las secciones de comentarios de los periódicos online.

La primera recomendación es no ser un ‘hater’ uno mismo, aunque sea de forma involuntaria: reflexionar antes de compartir una noticia o escribir un mensaje, pensar si ese mensaje o noticia puede hacer daño a alguna persona o colectivo.

Siempre es preferible difundir noticias positivas, tolerantes y basadas en datos reales. “Las narrativas alternativas son esenciales para restar espacio a los haters en las redes sociales y foros de noticias. Los haters no dejarán de existir, pero proponiendo puntos de vista alternativos restarás fuerza a sus mensajes de odio y quién sabe si podrán replantearse su discurso”, explican desde Accem.

Además, es conveniente responder educadamente a los haters sembrando la duda sobre sus afirmaciones, aportando argumentos veraces que desmonten sus teorías. Desmontar bulos y rumores.

“Si detectas un hashtag negativo escribe sobre él con tu mensaje positivo. ‘Haters’ y ‘trolls’ utilizan hashtags para difundir y lograr un mayor alcance de sus mensajes de odio. En medio de esos mensajes el tuyo puede ayudar a ver las cosas de manera diferente”, explica el manual.

Es preciso evitar replicar mensajes de odio excepto si lo hacemos para desautorizarlos de forma efectiva. Informarse bien sobre los temas a “defender”. Aliarse con los otros. Abrir blogs. Crear hashtags positivos. Utilizar imágenes e infografías. Solidarizarse con la personas y grupos afectados. Y también denunciar ante los demás, en la propia red social, la actividad dañina del ‘hater’. En el caso de ser víctima de amenazas, acudir a la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

SERGIO C. FANJUL | @txepeligro | Madrid | 11/12/2018

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