MOTIVOS Y MOTIVACIONES

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Preppers y survivalistas: cómo prepararse para el fin del mundo

El survivalismo y el ‘prepping’, las subculturas que abogan por prepararse ante la posibilidad de un escenario catastrófico, crecen en todo el planeta. Conocemos de primera mano sus motivos y motivaciones.

‘Preppers’ y survivalistas: como prepararse para el fin del mundo
‘Preppers’ y survivalistas: como prepararse para el fin del mundo | Steven Guzzardi (Flickr)

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | 01/10/2018

Ocurrió el pasado mes de enero: el llamado Reloj del Apocalipsis, que señala la distancia simbólica que separa a la humanidad de su hipotética extinción, se adelantó un minuto con motivo del cruce de amenazas entre EEUU y Corea del Norte. Las manillas se situaban así a sólo dos minutos de la medianoche, una posición que no tenían desde 1953, cinco años después de la creación del reloj por un grupo de científicos en plena tensión nuclear de la Guerra Fría.

La noticia apenas trascendió más allá de lo anecdótico. Y sin embargo, son muchas las personas que, en todo el planeta, se muestran convencidas de que un escenario como ese es más que posible. Incluso de que sólo es cuestión de tiempo. En 2012, en pleno auge de la teoría que aseguraba que el mundo acabaría ese año cumpliendo con una supuesta profecía maya, un estudio lanzó un dato esclarecedor: uno de cada siete ciudadanos del planeta cree que el apocalipsis llegará mientras vivan.

En algunos países, la psicosis es aún mayor. Otra encuesta del mismo 2012, en este caso de National Geographic, concluyó que el 62% de los estadounidenses están convencidos de que su país afrontaría una catástrofe de proporciones mayúsculas en el plazo de 20 años. Desastres naturales, ataques terroristas, accidentes nucleares… El catálogo de posibles amenazas es variado, y más vale estar preparado: construir un búnker, armarse hasta los dientes o hacer acopio de víveres son prácticas habituales en una sociedad en la que existe un lucrativo negocio alrededor del miedo.

Ya sea por paranoia, convicción o mero afán de superación y autonomía personal, los llamados survivalistas o ‘preppers’ (abreviatura de ‘preparacionistas’) se preparan a conciencia para, en caso de que haga falta, poder valerse por sí mismos. Una tendencia que no para de crecer y que va más allá de una única forma de entender la supervivencia: no todos los ‘preppers’ son iguales.

De entrada, survivalismo y prepping tienen naturalezas distintas. Ernesto Blanco, creador de uno de los más importantes sitios en español sobre el tema, mundosurvivalista.com, lo explica con detalle. “Un survivalista es una persona que se dedica al estudio de las habilidades de supervivencia, las promueve o incluso las ejerce como profesión. Un ‘prepper’ es, simplemente, aquel que se centra en las fases de preparación y respuesta ante una posible emergencia o desastre”.

Blanco marca las distancias con lo que implica el fenómeno en países como EEUU. También con el tipo de gente que arrastra. “Yo los llamo ‘madmaxistas’ (en referencia a uno de los grandes clásicos del cine apocalíptico, Mad Max). “En su caso, la sensación de inseguridad está por encima de la de seguridad, y acaban actuando como durante la crisis nuclear con la URSS, en la que el propio gobierno facilitaba a los ciudadanos un barril con víveres para que, llegada la ocasión, se encerraran en sus sótanos a comer esperando que, con suerte, el desastre pasara de largo”.

Aquí no se trata de esconderse, sino de ser capaz de obtener los recursos necesarios para mantenerse con vida. Pero, ¿cómo se convierte uno en un survivalista? “Lo primero es tener conciencia de los beneficios personales de adquirir los conocimientos y habilidades que se promueven en esta subcultura”, opina Ernesto. “A veces es difícil cuando en la propia condición humana está creer que nada puede pasar hasta que te ocurre a ti, y cuando la seguridad y la defensa están monopolizadas por el Gobierno. El ciudadano medio no quiere responsabilizarse de su propia seguridad ni prever cuáles pueden ser sus necesidades básicas bajo determinadas circunstancias”.

Las palabras de Ernesto llevan, inevitablemente, a pensar en las armas. ¿Son fundamentales en el cajón de cualquier survivalista que se precie? “Hay que hacer distinción entre armas y herramientas”, apunta. “Cualquier survivalista te diría que el cuchillo es una herramienta básica para aplicar determinadas habilidades de supervivencia. Un ‘bushcrafter’ (persona especializada en la supervivencia en el monte) te diría que un cuchillo, un hacha y una sierra son básicos. Y un prepper ‘madmaxista’ de EEUU te justificaría la tenencia de un arsenal paramilitar basándose en la segunda enmienda a la Constitución de los EEUU”.

Ya sea a base de cuchillos o de fusiles, Ernesto no tiene dudas: el survivalismo crece con fuerza. “Cuando yo empecé en 2011 a promover la cultura survivalista y ‘prepper’ a través de un blog, era la única fuente de información en español online que existía sobre la materia. A lo largo de estos siete años son muchas las personas que se han sumado, e incluso se ha creado una asociación mundial de instructores de supervivencia en la que uno de los presidentes es español, y que se dedica a profesionalizar y estandarizar las actividades de supervivencia a escala mundial”.

Preguntamos a Ernesto por los consejos que daría a alguien que quiere dar sus primeros pasos en el survivalismo. “Que defina bien la realidad y sus prioridades. Que se esfuerce por adquirir conocimientos y que se informe con fuentes fiables y contrastables”, señala. “Y que conozca la ley: en el caso de España, concretamente la 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil. Tiene puntos clave como el reconocimiento explícito de que, en determinadas circunstancias, los medios pueden verse superados por la magnitud del desastre. Los artículos más importantes son el 7 y el 7bis, que podríamos resumir como que todos los ciudadanos tienen el derecho de participación y el deber de colaboración en el ámbito de la protección civil”.

Ernesto, como la práctica totalidad de los survivalistas, lo tiene claro: tenemos mucho que aprender. Al menor contratiempo, dependemos de otros. Y en caso de necesidad extrema, caeríamos como moscas. “El ciudadano medio no está preparado ni siquiera para tener una comunicación efectiva durante una emergencia con el 112, y ya no digamos aplicar correctamente la técnica de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) o emplear un desfibrilador . Si los medios de respuesta ante un desastre no estuvieran inmediatamente disponibles, el coste de vidas sería considerablemente mayor por la falta de preparación y de capacidades de los ciudadanos”.

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