Lime paga 5 euros por patinete a los denominados ‘juicers’ o recogedores

Lime paga 5 euros por patinete a los denominados ‘juicers’ o recogedores

De la precariedad a la ocupación de las aceras: ¿son los patinetes eléctricos una revolución o un estorbo?

Ya sean de alquiler o comprados, los patinetes eléctricos se multiplican en las grandes ciudades españolas. Analizamos una de las grandes revoluciones recientes en materia de movilidad.

Lime paga 5 euros por patinete a los denominados ‘juicers’ o recogedores

Lime paga 5 euros por patinete a los denominados ‘juicers’ o recogedores

De la precariedad a la ocupación de las aceras: ¿son los patinetes eléctricos una revolución o un estorbo?

Ya sean de alquiler o comprados, los patinetes eléctricos se multiplican en las grandes ciudades españolas. Analizamos una de las grandes revoluciones recientes en materia de movilidad.

Era un día cualquiera. Miguel Álvarez, ingeniero de caminos madrileño, caminaba con prisa por la céntrica calle Almagro cuando se dio de bruces con un par de patinetes eléctricos en mitad de la acera. “Estaban especialmente mal aparcados”, recuerda. “Producto del cabreo, subí un tuit diciendo que es necesario crear una Liga de Defensa de las Aceras. Y que todo el que quisiera formar parte de ella sólo tiene que coger patinetes que estén en medio y moverlos a la plaza de aparcamiento más cercana”.

Lo que empezó como un simple desahogo en Twitter no tardó en crecer. Alguien sugirió el hashtag #Apartinetes, que pronto se convirtió en viral. Los medios de comunicación se hicieron eco de la iniciativa. Y hoy, muchos de los que encuentran un patinete que estorba en la acera, utilizan la mencionada etiqueta para denunciarlo en la red.

“No pensaba que tendría tanto recorrido, pero imagino que significa que lo que yo veo lo está viendo todo el mundo: que las aceras están llenas de estos aparatos”, apunta Miguel.

Los números parecen dar la razón a los impulsores de una iniciativa como Apartinetes. Desde el pasado verano, las empresas que alquilan este tipo de vehículos se han multiplicado. Especialmente en Madrid, pero también en otras ciudades de España. Marcas como Lime -participada por Uber y Google-, o más recientemente Bird parecen dispuestas a inundar de patinetes las calles. En sólo dos meses tras su desembarco en Madrid, los patinetes de Lime acumularon más de 100.000 desplazamientos. Y con ellos, claro, llegó la polémica.

“Sí: tenemos un problema con estos vehículos en las aceras, pero también con las motos y con las terrazas”, apostilla Miguel. “La normativa permite aparcar en la acera en algunos supuestos, como cuando hay determinada anchura, y a menudo no se cumple. La policía siempre ha sido muy laxa con esta cuestión”, denuncia.

Al auge de los patinetes eléctricos de alquiler se le suma el imparable aumento de la venta de estos aparatos en los últimos años: por una cantidad que ronda los 300 euros cualquiera puede hacerse con uno. La normativa estipula que no superan los 25 km/h, aunque algunos pueden llegar incluso a 45 km/h. Y como en todo, el vandalismo no escapa a este tipo de vehículos: hoy en día es frecuente cruzarse con usuarios que, a altas horas de la madrugada, circulan en patinete eléctrico a gran velocidad por la acera o en dirección contraria.

A las constantes conversaciones sobre los omnipresentes patinetes eléctricos se han unido declaraciones políticas que han dado mucho que hablar. El 27 de octubre, dos días después de que falleciera una mujer que circulaba en patinete tras ser arrollada por un camión en Sabadell, el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, manifestó su intención de obligar a los dueños de estos vehículos, así como a los ciclistas, a circular con seguro.

Desde las asociaciones que reúnen a ambos colectivos no tardaron en poner el grito en el cielo y recordar a Marlaska que ningún país de nuestro entorno -esos a los que tendríamos que parecernos más en lo que tiene que ver con moverse contaminando menos- contempla tal obligación.

Jóvenes que recogen por 5 euros los patinetes por la noche

Por si fuera poco, las singulares características con las que operan algunas de estas empresas tampoco ayudan a calmar las aguas. Lime, por ejemplo, paga 5 euros por patinete (IVA incluido) a los denominados ‘juicers’: jóvenes que, además de ser autónomos, han de recoger los patinetes cada noche para recargarlos en su propia casa. Eso sí: tras haberle adquirido los cargadores a la propia Lime por 15 euros. Un modelo que, bajo la excusa de la llamada economía colaborativa, esconde lo que no es sino precariedad laboral de la de toda la vida.

Patinetes en la acera, supuesta peligrosidad, precariedad… Los representantes del sector ven, claro está, la otra cara de la moneda. Juan Jiménez es el presidente de la Asociación de Usuarios de Vehículos de Movilidad Personal (AUVMP), en la que se incluyen, además de los patinetes, otros artefactos como los segways o los hoverboards. Y está convencido de que suponen una revolución en materia de movilidad. “Lo son, hasta el punto que tienen desconcertados a todos los actores de la movilidad”, opina. “Es un fenómeno tan reciente y creciente de tal envergadura que ha conseguido, por ejemplo en Madrid, casi tantos usuarios en un año como la bicicleta en dos décadas”.

Pese a sus críticas, Miguel Álvarez de Apartinetes reconoce muchas de las bondades de los VMP. “Tienen cosas buenas: ataca muchos de los problemas de otros vehículos como la bicicleta, como llegar sudado o que no te quepa en el ascensor. Podrían ser una solución interesante para la gente que lo quiere llevar en el maletero del coche y hacer el resto de su trayecto hasta su destino en patinete. Pero sigue teniendo muchos inconvenientes. especialmente en una ciudad como Madrid en la que no se han hecho una red de carriles bici por los que circular sin miedo”, apunta.

El hecho innegable es que muchos peatones miran con recelo a los usuarios de patinetes eléctricos. Al menos hasta ahora. Una situación que podría cambiar con la entrada en vigor de las distintas ordenanzas que, en varias ciudades, tratan de evitar que circulen por la acera. “Con el cambio de normativa, ya podemos (y debemos) ir por calzada, pero aun quedan muchos usuarios que desconocen dicho cambio. Es muy importante realizar campañas informativas para que los usuarios conozcan la nueva normativa”, explica Juan Jiménez.

Lo cierto es que, si en otros aspectos de la llamada movilidad sostenible, España va muy por detrás de otros países europeos, en lo que respecta a vehículos de movilidad personal -y en concreto, patinetes eléctricos- nuestro país parecer estar sirviendo de campo de pruebas mundial. Al menos, en lo que se refiere a su regulación.

“España está siendo pionera en materia de normativa”, confirma Juan Jiménez, “tanto desde algunos ayuntamientos como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Sevilla como a nivel nacional. La DGT esta realizando un esfuerzo para que durante el primer semestre de 2019 haya algo en firme. De hecho, Madrid es el escaparate europeo para las empresas de Scooter Sharing, y esto es porque existe una demanda real de uso del patinete eléctrico”.

Así pues, ¿estamos ante una revolución pionera en materia de movilidad, una moda pasajera o un auténtico estorbo? Miguel de Apartinetes templa gaitas. “Creo que, al final, todo este tipo de vehículos no son ni malos ni buenos: depende del uso que hagamos de ellos. El centro de la ciudad es un entorno denso, por lo que este tipo de vehículos pueden ser una buena herramienta. Eso sí: habrá que vigilar para que se cumplan las normas”. Al fin y al cabo, se trata de convivir: la ciudad es un organismo en constante cambio, y todos debemos tener cabida en ella.

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