ME DIO MUCHO QUE PENSAR SOBRE LA MASCULINIDAD ACTUAL

ME DIO MUCHO QUE PENSAR SOBRE LA MASCULINIDAD ACTUAL

Pasé varias noches chateando en foros de calvos

Esta inmersión en los foros de hombres que intentan frenar la caída del pelo me dio mucho que pensar acerca de las masculinidades actuales: alejados de la presencia femenina, exponiendo vulnerabilidades, los hombres de los foros abrían su corazón y su alma buscando detener el tiempo y, con él, el declive de los cuerpos (algo que hasta ahora había creído patrimonio femenino, mayoritariamente). Tomar consciencia de esto me produjo la angustia del saber que nadie queda a salvo, pero, de alguna forma, también el alivio de una luz de esperanza en un mundo que creía sin ningún tipo de luz.

Sabina Urraca se adentra en un foro de calvos
Sabina Urraca se adentra en un foro de calvos | Agencias

SABINA URRACA | @SabinaUrraca | Madrid | 28/12/2017

Aquellas noches de chateo en los foros de calvos, me sentí como Laurie, el vecino varón de las cuatro hermanas de Mujercitas: aceptada de pronto en un mundo secreto que hasta entonces había permanecido oculto a mi mirada. En lugar de obras de teatro inventadas, cábalas sobre un matrimonio futuro y rebelión ante las labores del hogar, encontré largas conversaciones sobre pastillas crecepelo, miedo a perder el atractivo, trucos para disimular el cartón (así lo llamaban ellos), terror a la impotencia provocada por las pastillas y absoluto pánico al efecto secundario maldito: desarrollar pechos.

Hablando con estos tíos, me di cuenta de que había un mundo masculino muy alejado del cliché de Forocoches. Es decir, por supuesto que sabía que otros universos masculinos eran posibles (muchos hombres de mi entorno son buena muestra de ello), pero me parecía que una jauría de hombres medios españoles apiñados en internet sólo podía deslizarse por la barranquilla del machotismo ilustrado, las palmaditas cuñadas en la espalda y la charleta futbolística.

En cambio, se abrió ante mis ojos un mundo lleno de sana y natural vulnerabilidad, miedo al paso del tiempo, preocupaciones que me despertaban una empatía con chispazos de ternura, y que me hicieron desarrollar una fantasía pasajera inevitable: tener un amante calvo.

Obviamente, como cualquier persona que pase de los treinta, tengo unos cuantos amigos calvos. Algunos empezaron a perder el pelo a los 20, otros lo han perdido ya llegando a los 30. Cuando veo fotos suyas del pasado, la sensación es la de que llevan una peluca de payaso. Sinceramente, los veo mejor ahora.

Pero no puedo negar que me atormenta vislumbrar su tormento, entrever sus angustias por la pérdida de un elemento de identidad física. Mi amigo R., que ha vivido una pérdida de cabello letal en los últimos cuatro años, me dijo un día: "Hay épocas que me da igual, que me olvido de que me estoy quedando sin pelo. Luego de pronto me veo reflejado en un espejo y no relaciono esa imagen conmigo. Es como si me hubiesen borrado las cejas: el aspecto general cambia completamente. Te tienes que acostumbrar a ser otro".

Había entrado previamente en foros de mujeres que se quejaban de la flacidez del rostro, de la aparición de varices, de cómo disimular las estrías, de qué ejercicios hacer para que no se te derrumben las tetas. En definitiva: Había vivido, como casi cualquier otra persona, muy en contacto con las preocupaciones y obsesiones estéticas femeninas.

De alguna forma, las revistas, la tele, la publicidad, me habían empujado desde los diez años a detener el paso del tiempo. "Hidrata tu piel para frenar el envejecimiento"- decía una muestra de crema de la Ragazza. Abajo, en letra pequeña, rezaba: "Resultados: hasta diez años más joven". En el momento de arrancar esa muestra de crema, yo tenía catorce años. Según la letra pequeña, ese elixir podía transportarme de nuevo hasta los tiernos cuatro. Así de tragicómica es, desde su inicio, la batalla de la belleza femenina.

El mundo masculino, en cambio, me parecía un absoluto erial de equivalentes a esa crema de la Ragazza. Nadie le pedía a un chaval de 30 años que pareciese de 20. Según la fachada de la masculinidad, a los hombres les importaba una mierda su aspecto físico. Si acaso, estar fuerte, no estar gordo, no estar demasiado delgado. Ahí pensaba que alcanzaba el nivel máximo de preocupación. Todo esto, por supuesto, apoyado en la nada, basado en las actitudes que observaba desde fuera.

Jamás imaginé que la puerta a un mayor conocimiento del alma del varón español medio se encontrase en un foro para luchar contra la calvicie. Sin embargo, cuando entré en los foros anti calvicie, se abrió un mundo nuevo para mí. Toda la caspa y la brutalidad de los botarates de Forocoches, foro famoso por su nivel de zafiedad y machismo, se diluye en los foros de calvos.

De vez en cuando despunta el tema del fútbol, pero, en general, hay una amabilidad, una preocupación por los demás y una corrección que parecen de otra galaxia. Aquí los hombres, hombres normales, a pie de calle, hablan de su nivel de autoestima, de los efectos secundarios de la medicación, de cómo han sido sus depresiones. Se alientan unos a otros en el camino de la pérdida del cabello, se remueven compungidos cada vez que alguno cuenta haber recibido la clásica broma de "madre mía, cada día tienes más frente", o bien la cruel "a ver, baja la cabeza, que me refleje en tu calva para ver si llevo el pelo bien".

Porque hay cierta licencia para matar en lo que al aspecto físico de los hombres se refiere. A ellos, amparados por esa presunción de fortaleza, de autoestima a prueba de todo, de refranes populares como "el hombre, como el oso, cuando más feo, más hermoso", se les presume ser capaces de recibir paletadas de bromas y burlas acerca de su aspecto físico. "Cuñado, cada vez tienes la frente más arriba", se oye en las cenas familiares. "¿Quién está embarazada, ¿ella o él?", se escucha cada vez que el futuro padre de una criatura ostenta una barriguita similar a la de la futura madre.

Hay una frase común, que una se topará inevitablemente en el momento en el que investigue en internet sobre cuestiones que atañen al aspecto físico de los hombres: "It's just as hard to be Ken as it is to be Barbie" (Es tan duro ser un Ken como ser Barbie).

"Perdona -digo en voz alta, un poco exaltada- pero no. Definitivamente no". Ni de lejos. Un hombre siempre disfrutará de una parcela de privilegio que a una mujer le es vetada desde su nacimiento. Pero eso no quita para que haya en el mundo masculino una angustia por lo físico que se acerca a la lucha campal por la belleza que se obliga a vivir a las mujeres.

Capilatis, Minoxidil, Finasteride, frustración, hipnosis, erecciones débiles o crecimiento de los pechos como posibles y temidos efectos secundarios, crecimiento del pelo del cuerpo, pero no del de la cabeza, masajes capilares fortalecedores, tomárselo con humor, caer en un pozo de desesperanza: los foros anti calvicie están llenos de todo esto y mucho más.

Dándose ánimos unos a otros, y alternando bajones ("Amigos, llevo tres meses de tratamiento y todo sigue igual") con subidones ("Miren estas fotos que les envío, ¿notan la diferencia?"), estos foros son una muestra de buen hacer, solidaridad y empeño.

"¿Damián, cómo de acusada es tu calvicie?"- se le pregunta a un nuevo usuario del foro. Recibida la foto, las actitudes siempre tiran por el camino de la bondad y el buscar aliviar al otro: "Si sólo se te ve el cuero cabelludo cuando tienes el pelo mojado, no te puedes quejar. Piensa que todo el pelo que tienes ahora es salvable. Probablemente nunca serás calvo del todo. Me atrevo a decir que casi seguro".

Pareciera que el buscar el confortar al otro es una máxima clave para poder ingresar en el grupo. No se verán jamás las salidas de tono y el insulto fácil que se le puede presuponer a un foro exclusivo para hombres de entre 18 y 50 años.

Hay consejos sobre tratamientos, apoyo en momentos de desaliento, fotos humorísticas tomando a broma la propia calvicie -pero nunca, nunca, la de los demás, eso es sagrado. Es maravilloso -un rayo de luz iluminando un rebaño que, aunque lo disimule, avanza con dificultad- cuando algún tratamiento de los cientos que hay surte efecto.

Todos aplauden la foto que demuestra el crecimiento del pelo, y se lanzan mensajes como: "Manuel, eres la prueba viviente de que el pelo puede mantenerse y recuperarse si uno es constante. Claro que no es igual para todo el mundo, pero se ve que te has empeñado y ahí tienes los frutos de tu esfuerzo".

Sinesio de Cirene, un filósofo -un filósofo calvo- que vivió hace más de 1500 años, escribió Elogio de la calvicie, sosteniendo que la alopecia era un rasgo que alejaba al ser humano de los animales. En este tratado, editado en 2008 por la editorial Errata Naturae, Sinesio de Cirene hace de la carencia una virtud, y nos acerca a la convicción de que la calvicie se relaciona con la sabiduría, la buena salud y la integridad moral.

Tras pasar varias noches leyendo e interactuando obsesivamente en foros sobre la calvicie, no puede dejar de concederle cierto crédito: pareciera que la confrontación con la debilidad del propio cuerpo hubiese hecho a estos hombres mejores ciudadanos. Tras estos días, cada vez que veo a dos calvos juntos hablando, evalúo sus zonas de calvicie, valoro la posibilidad de recuperación, imagino su conversación, sus preocupaciones. Pero, sobre todo, los observo con una mirada distinta a la de antes, como si estuviese viendo a dos ejemplares de una nueva especie de nobles guerreros. Dejad que los calvos se acerquen a mí.

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