NOS ADENTRAMOS EN EL SUB-SPACE

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El paraíso masoquista: así es el trance a través del dolor

Siempre bajo una cúpula de confianza, consenso y seguridad, las sensaciones conflictivas como el dolor pueden llegar a conducir a un estado alterado de conciencia extremadamente profundo, placentero y vulnerable. De esta zona espesa y misteriosa, tan transitada desde las prácticas de BDSM, conviene entrar y salir con precaución, bajo el cuidado constante de una persona preparada capaz de guiar el camino en ambos sentidos. Hablamos con diferentes masoquistas para que nos cuenten la clase de trance que alcanzan en el llamado sub-space.

Efectos del sadomasoquismo en el cerebro
Efectos del sadomasoquismo en el cerebro | ondacero.es

ELISA VICTORIA | Madrid | 23/07/2018

El deleite masoquista suele tener que lidiar con prejuicios que nacen de la incomprensión. “Si le explicas a alguien que no está familiarizado con este mundo que te gusta experimentar con el dolor, a menudo te miran como si tuvieras un problema mental”, reflexiona Andrew, aficionado a posicionarse en el papel de sumiso.

“Lo puedo entender perfectamente, es algo chocante. Lo que me resulta curioso es que esa misma gente suele empatizar mucho más fácilmente con las prácticas dominantes o incluso sádicas, se entiende que infringir dolor es más interesante que recibirlo. El padecimiento del dolor está muy mal visto, supongo que es un asunto instintivo, relacionado con la supervivencia básica.”

Pero la afición al dolor es más frecuente de lo que se cree y no tiene por qué resultar traumática. A Liliana, que puede adoptar el rol dominante o el sumiso, le interesan especialmente las sensaciones de humillación, degradación y castigo corporal.

“Soy switch y puedo disfrutar de las dos posiciones, pero aprecio mucho más la experiencia como sumisa. Como dominante se pueden alcanzar también estados alterados de conciencia muy satisfactorios, pero es más difícil llegar, al menos para mí, y el camino desde la sumisión es increíble. Yo lo prefiero, si tuviera que quedarme con una sola cosa, tengo claro que la experiencia desde abajo para mí es más interesante”.

También hay masoquistas que, con vistas a conocerse, disfrutan de inducirse dolor a sí mismos en soledad, acompañando las sensaciones de masturbación clásica o no, por el simple regocijo de experimentar algo intenso de forma privada. Es el caso de Lirio, de cuarenta y nueve años.

“Descubrí mi afición al masoquismo por cuenta propia, en la adolescencia, que en mi caso tuvo lugar en los ochenta. Buscaba formas de colgarme a mí mismo de puertas y paredes con correas o me azotaba. No trataba sólo de castigarme o hacerme daño, aunque en algunos casos era así porque me di cuenta de que me gustaba más masturbarme de esa forma, pero otras veces sólo buscaba llegar a una paz mental muy concreta que no era capaz de alcanzar de otra manera. Por supuesto todo mejoró cuando encontré con quien compartirlo, tanto la profundidad de las sensaciones como la seguridad de la escena.”

Es frecuente que las personas con tendencia a la sumisión lleven un ritmo mental muy acelerado y que a través del trance que les proporciona el dolor encuentren un descanso terapéutico. Andrew necesita tener las situaciones muy controladas en su vida cotidiana.

“Me gusta ir sobre seguro. Tengo un trabajo de responsabilidad en el que debo tener en cuenta muchas variables. A veces tardo en tomar decisiones en todos los ámbitos porque intento que todo sea perfecto, que todo esté bien hilado, y eso puede llegar a resultarme agotador, muy estresante. Ponerme en manos de una persona que tome las riendas de la situación de vez en cuando es la terapia más efectiva que he encontrado. Me vacía por completo del estrés”.

Pero no es sólo cuestión de entregarle el control a alguien más en busca de un respiro mental. El propio Andrew lo explica: “El dolor en concreto es una sensación que, combinada con los convenientes estímulos mentales, me conduce a una especie de pérdida de conciencia similar a la meditación. Es un vehículo muy efectivo, un atajo. Tampoco yo personalmente voy buscando un dolor extremo, aunque entiendo a quien lo disfrute. Cada cuerpo es un mundo”.

Los medios para alcanzar el trance buscado pueden ser diversos y dependen de las preferencias de cada uno. Liliana, a través del sometimiento físico y verbal encuentra un placer extremo a muchos niveles: “Me gusta que me azoten, me insulten, me inmovilicen, me suspendan en el aire, me objetualicen y hasta que me perforen, lo que busco es perder completamente el control de mi cuerpo y mi mente por un rato, una especie de vacío.”

El control puede llegar a perderse hasta el punto de olvidar la palabra de seguridad, la que, al pronunciarse, indica que se ha sobrepasado cierto límite y el juego debe pararse para atender la necesidad específica del momento.

“A veces grito y lloro, pero mientras no pronuncie la palabra significa que estoy de acuerdo con lo que ocurre. Pero llega un momento en que puedo sentir una alteración química concreta, supongo que eso anuncia la llegada al sub-space, y en ese espacio puedo perder la noción de mi propia integridad. La tolerancia al dolor aumenta hasta cimas inesperadas y debe ser el dominante quien sepa identificar ese estado y vele por mi seguridad, porque mi capacidad de raciocinio se puede haber trastocado, que en realidad es lo que más me gusta”.

Tras una sesión en la que se consiga alcanzar el llamado sub-space, ese espacio de conciencia alterada similar al colocón de ciertas drogas o al trance místico, se impone obligatoriamente una buena dosis de after-care, que consiste en guiar a la persona sometida en el camino de vuelta hacía sí misma. Gracias a la dedicada atención psíquica y física, el dominante debe recomponer la sensible alteración que se ha llevado a cabo, y no tener en cuenta este punto puede arruinar la experiencia completa.

“El after-care es imprescindible en este tipo de práctica,” explica Liliana, “cuanto más lejos se haya llegado más atención se necesita para que todo salga como tiene que salir. La gente cree que te pones en manos de gente sádica que va a hacer contigo lo que le dé la gana pero no tiene nada que ver con eso".

"Eso sería una irresponsabilidad por ambas partes que conduciría a secuelas peligrosas. Sin confianza plena no se puede alcanzar el sub-space, y sin after-care la experiencia se puede volver muy negativa”. Para aterrizar del viaje hacen falta curas y mimos a un ritmo pausado y chequeos durante los días posteriores para garantizar la estabilidad y satisfacción.

Y para quien tenga curiosidad, Liliana da la siguiente recomendación: “En el sadomasoquismo hay un camino muy interesante pero debe andarse despacio y con cariño. Lo primero es conocerte tú, y luego dejar que alguien en quien de verdad confíes te siga explorando. Que sea progresivo y haya mucha comunicación, eso creo que es lo más importante”.

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