Ya no tiene que ver con tener o no pareja

Ya no tiene que ver con tener o no pareja

Está pasando: madres solteras porque quieren que el hijo sea solo suyo

Asisto, con cierto temor, al auge de una tendencia a mi alrededor. Treintañeras que quieren ser madres solteras, por el simple hecho de poder tomar decisiones unilaterales sobre su descendientes el resto de sus vidas.

Madre soltera
Madre soltera | Pexels

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | 20/09/2018

Antes de que me juzguéis precipitadamente por el contenido de este artículo, confesaré que mi idea de la maternidad está terriblemente ligada al concepto de amor romántico. Lo sé, como feminista que soy ya debería haberme dado cuenta de que Disney me engañó y de que jamás voy a ser rescatada y cortejada por un príncipe a lomos de un corcel.

Debe ser que el menda se quedó sin datos y fue incapaz de dar con mi ubicación en Tinder. Sin embargo, si a eso le sumamos las horas y horas de comedias románticas ‘made in Hollywood’ que me he tragado y el haberme criado en una familia bastante tradicional, tenemos como resultado el hecho de que jamás se me haya pasado por la cabeza el pensamiento de ser madre soltera.

El principal motivo por el que mi cerebro rechaza esta posibilidad es que creo firmemente que un hijo debería ser fruto del amor entre dos personas. Ya, lo sé. Menuda pastelada acabo de escribir. Pues sí, soy consciente de ello, pero a mí, como hija que soy, siempre me ha gustado saber que llegué al mundo en uno de los mejores momentos de su relación (o eso me han contado ellos).

Que sí, que luego lo mismo se divorcian y todo lo que tú quieras, pero adoro pensar que fui buscada (que antiguo suena esto) y que llené de gozo y alegría sus vidas (también se nota aquí que fui a colegio católico, ¿eh?).

Madre soltera | Pexels

La religión, otro punto que me condiciona horriblemente a la hora de abordar el tema de las madres solteras porque quieren que el hijo sea suyo. Pero vayamos primero a definir esta nueva tendencia que comienza a instalarse en el imaginario millennial, después de haberos dejado claro de qué pies cojeo.

Estamos hablando de mujeres que rozan ya la mitad de la treintena y que, por idas y venidas del destino, no tienen pareja, pero quieren convertirse en madres. Hasta aquí todo correcto. Como suele ser habitual en muchas féminas, llegada esta edad su reloj biológico se dispara y si bien hace unos años hubiesen corrido a buscar marido, ahora prefieren apañarse ellas solas.

“Voy a empezar a mirar los tratamientos para inseminarme. Se acabaron las tonterías. ¿Sabes lo que pasa? Que ya no tengo ganas de aguantar a ningún imbécil, tener un hijo con él y que además tenga voz y voto sobre su crianza. Quiero un hijo que sea mío y de nadie más”, me dijo mi amiga Silvia muy segura de sí misma.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Lo siento, pero la frase “Quiero un hijo que sea mío y de nadie más” sí que no me la esperaba. ¿Acaso ahora un hijo es una propiedad? Me dio la sensación de que esto es como cuando estando soltera te compras una casa a tu nombre y después, cuando tienes pareja, esta no tiene ningún tipo de privilegio ni poder sobre ella.

“¿Y si luego encuentras a alguien e inicias una relación estable?”, le pregunté. “Bienvenido sea, pero el niño será mío y yo tomaré todas las decisiones”, me contestó sin ni siquiera dudarlo un segundo.

Madre soltera | Pexels

Vale, definitivamente no soy tan moderna como yo creía. Quizá sea porque, dejando a un lado temas religiosos y amorosos, biológicamente un hijo jamás será solo tuyo.

Vaya, llamadme loca pero para que una mujer se insemine necesita semen que provenga de un hombre. Es decir, que es tuyo y de una persona a la que no conoces, pero tiene ADN de los dos. Pero vale, acepto pulpo como animal de compañía y compro la idea de que a partir de ahora habrá mujeres cuyos hijos sean exclusivamente de su propiedad.

¿No estaremos deshumanizando un poco el momento de crear vida? Ya está aquí la ‘sentimentaloide’, estaréis pensado de nuevo. Supongo que este es el mismo debate que se genera cada vez que hablan de embarazos a la carta donde se plantea la posibilidad de poder elegir hasta el sexo del bebé. A mí, sinceramente, me da un poco de miedo pensar que ya ni la procreación es algo que podamos dejar al azar. ¿Por qué controlarlo todo?

De camino a casa y tras hablar con Silvia, no podía dejar de pensar una cosa: ¿Hasta qué punto hemos llegado en las relaciones interpersonales para que una chica haya tomado la determinación de querer tener un hijo en exclusiva? ¿Tanto daño nos hacemos los unos a los otros dentro de una relación sentimental como para que nos neguemos a compartir una experiencia como la paternidad/maternidad?

Es cierto que el modelo tradicional de pareja está en crisis (eso asegura mi psicóloga, aunque sospecho que me lo dice para no hundirme en la miseria por mi soltería permanente desde hace años), pero quizá el poliamor, Tinder y la superficialidad y banalidad con la que nos tomamos el amor a día de hoy tenga algo que ver.

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