un documental de Gaizka Urresti relata su historia

un documental de Gaizka Urresti relata su historia

El cura cooperativo: así creó José María Arizmendiarrieta el imperio Mondragón

¿Les suena la marca Fagor? ¿Eroski? Son empresas que nacieron en la Corporación Mondragón, el mayor grupo cooperativo de España y referente mundial en la práctica de un capitalismo que ponga a las personas primero. El sacerdote José María Arizmendiarrieta fundó este grupo cooperativo en 1956. Un reciente documental de Gaizka Urresti relata su historia.

ARIZMENDIARRIETA EL HOMBRE COOPERATIVO
ARIZMENDIARRIETA EL HOMBRE COOPERATIVO | Gaizka Urresti

SERGIO C. FANJUL | @txepeligro | Madrid | 30/07/2018

El modelo económico actual nos empuja al individualismo y la competición: tú te lo guisas y tú te lo comes, en una perpetua carrera contra los demás, en busca del éxito. Pero hay quien prefiere otros valores, más humanos, como son el de la cooperación y la comunidad. Es el caso de la Corporación Mondragón, el primer grupo empresarial vasco y el décimo de España, que engloba 256 cooperativas y empresas y a más de 70.000 trabajadores. ¿Les suenan marcas como Eroski o Fagor? Mondragón nació y creció durante el franquismo en torno a las ideas cooperativas. Hoy en día es el mayor grupo cooperativo del mundo aunque lo cooperativo también ha perdido fuerza dentro de un conglomerado en choque con los dogmas económicos dominantes.

El fundador de Mondragón fue un cura vasco llamado José María Arizmendiarrieta (1915-1976), protagonista del reciente documental ‘Arizmendiarrieta, el hombre cooperativo’, dirigido por el cineasta Gaizka Urresti, ganador de un Goya por el corto ‘Abstenerse, gracias’, y basado en la biografía escrita por Fernando Molina, historiador y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV).

En la Guerra Civil Arizmendiarrieta no pudo luchar en el bando republicano: un accidente de infancia le había dejado con un ojo de cristal, imposibilitándole para ser soldado en un batallón del PNV. Fue enviado al departamento de Propaganda, donde se dedicó a escribir sobre temas sociales en un periódico en euskera, el ‘Eguna’. Con el avance franquista no consigue escapar a Francia, pasa un mes en la cárcel y es finalmente absuelto.

Ya acabada la contienda es destinado en 1941 como asistente del párroco del pueblo de Mondragón, donde pasaría el resto de su vida y, según relata el documental, se ganó a la población con su cercanía. Cuentan que se cortó la sotana hasta la rodilla para ir mejor en bicicleta. Al sur de Guipúzcoa no había pan, ni carne, ni aceite, ni legumbres, ni carbón, ni electricidad, ni esperanza. En el resto del planeta se libraba la Segunda Guerra Mundial.

Allí creó, en 1943 y pidiendo dinero a todas las instituciones posibles, una escuela profesional para dar formación a los jóvenes del pueblo. Fue el primer paso para el futuro: cinco de sus graduados, bajo la guía de Arizmendiarrieta, crearon la primera cooperativa, Fagor (llamada primero Ulgor), fabricante de electrodomésticos. “Las ideas de Arizmendiarrieta vienen de la tradición del trabajo cooperativo en el campo de Euskadi, también de la aplicación de la de Doctrina Social de la Iglesia, y toma elementos del personalismo francés o de los laboralistas ingleses”, dice Urresti, “había que buscar el desarrollo humano no en el Cielo, sino en la Tierra”.

La iniciativa fue creciendo hasta convertirse en la Corporación Mondragón, fundada en 1956, que se vio alimentada por el aumento de la demanda producido por el desarrollismo de los años 60: crece la clase media, aumenta el consumo y los electrodomésticos y otros bienes van llegando a todas las casas. La corporación creó su propio banco, Caja Laboral, que sirvió para dar crédito a los miembros de la cooperativa y para financiar al grupo, una entidad de previsión social, Lagun Aro, y su propia universidad, la Universidad de Mondragón, la única cooperativa del mundo. Todos los elementos para llevar a cabo la experiencia cooperativa. Uno de los resultados es la conocida cadena de supermercados Eroski.

¿En qué consiste el cooperativismo? Bajo este modelo son los propios trabajadores los propietarios de las empresas, que se gobiernan de manera democrática, hay asambleas y los que trabajan eligen a los que dirigen. Parte de los beneficios se reinvierten en crear nuevas cooperativas, y existe un fondo común entre las cooperativas para ayudarse unas a otras en caso de turbulencias económicas.

“Muchas veces estos procesos cooperativos son más lentos que en otro tipo de empresas al uso, pero para Arizmendiarrieta lo importante no solo era generar beneficio económico, sino trabajar para la comunidad”, dice el director. En sus comienzos el sueldo más alto en Mondragón era solo tres veces y media el más bajo. Ahora está en torno a un factor ocho. En las empresas del Ibex-35 los sueldos de los altos directivos pueden ser cientos de veces mayores que los de los trabajadores de base.

“Eso sí”, añade Urresti, “esto son empresas, no es una ONG, y buscan competir y generar beneficios en el mercado global como cualquier otra empresa”. Arizmendiarrieta no era un radical de izquierda: tuvo buenas relaciones con el Régimen (que veía, en su paternalismo, estas prácticas con buenos ojos: hasta organizaba la Asamblea Nacional de Cooperativas, presidida por el ministro Solís) y lo que pretendía era participar en el capitalismo, pero primando lo social al capital. Otra forma de hacer las cosas, poniendo al trabajador y a la comunidad en el centro.

Para los más izquierdistas Arizmendiarrieta era un reformista que no iba a cambiar nada, para los más conservadores, un cura rojo. “Su proyecto cooperativo fue una reivindicación de la religiosidad y del lado más utópico del cristianismo en el trabajo, y demuestra que hay causas que no requieren del concurso de lo político”, explica en el filme Fernando Molina.

Las cosas no han sido fáciles: el concurso de acreedores en el que entró Fagor, mayor empresa cooperativa industrial del mundo, en 2013, y su posterior venta, fue un duro varapalo al grupo (la corporación reabsorbió a los desempleados prácticamente en su totalidad). Aunque mantiene un núcleo cooperativo, Mondragón se expande internacionalmente como empresas no cooperativas. Hoy en día solo el 40% de los trabajadores del grupo son socios. Las nuevas generaciones se enfrentan ahora a cómo hacer sobrevivir el modelo en el mundo global. Su lema sigue siendo “Humanity at work”.

¿Va el cooperativismo en contra del dogma económico actual? ¿Es posible su supervivencia? “Yo creo que las empresas se están dando cuenta de la importancia de los valores cooperativos”, dice Urresti, “hoy en día es muy importante fomentar la creatividad, la implicación, y para conseguir esto es importante darle más espacio a los trabajadores, contar con su iniciativa y darles diferentes beneficios”. En España se cuentan hoy alrededor de 20.800 cooperativas. Según datos de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (Cepes), las empresas de economía social representan el 12,5% del empleo en España y el 10% del PIB.

Arizmendiarrieta, el cura cooperativo, falleció en Mondragón en 1976. Ahora quieren hacerle santo.

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