NO ES LO MISMO SER PERRO QUE GATO

NO ES LO MISMO SER PERRO QUE GATO

Cuando convertirte en mascota es tu mayor ilusión: así es el pet play

Correas, cascabeles, ronroneos, ladridos y mucho rato a cuatro patas. Adoptar el papel de mascota puede suponer una fuente de diversión, placer y liberación de estrés para muchas personas. Hablamos con algunos aficionados a desempeñar roles de perros y gatos, con sus grandes diferencias conductuales, un juego que no tiene por qué llevar implicaciones sexuales.

Sesión con una dominatrix
Sesión con una dominatrix | Getty Images
ELISA VICTORIA
 |  Madrid | 10/05/2019

Este tipo de juego suele ubicarse en relaciones con una base BDSM pero ni tiene por qué coincidir con este patrón ni que implicar situaciones explícitamente sexuales. Para Sara H, de veintisiete años, el pet play es lo bastante divertido en sí como para no necesitar que derive en nada más: “Para mí actuar como una mascota es lo bastante agradable como para no necesitar nada más, puedo disfrutar muchísimo sólo con eso. La mayoría de la gente se lo toma como una relación dominación/sumisión pero entre mi pareja y yo surgió de una forma mucho menos estricta.”

“A mí siempre me gustó hacer de gata como algo cariñoso, ponerme a su lado y ronronear y cosas así, y fuimos cogiendo el gusto. Un día me compré las típicas orejas de gato y a los dos nos encantó el efecto así que pronto pillé un plug anal con rabito como de gato persa a juego con las orejas y un collar con cascabel. Es muy fácil y me gusta muchísimo, aunque el plug sólo me lo pongo cuando el fin es claramente sexual.”

El placer obtenido tiene que ver con la liberación mental que supone abandonar el rol habitual y entregarse al juego: “Está claro que tiene que ver con que soy muy controladora en la vida real, pienso mucho las cosas, y jugar a esto me quita mucho el estrés, me olvido de verdad por un rato de los asuntos del día a día y me sienta bien, tanto si hay sexo como si no, sólo de acurrucarme un rato junto a mi pareja, ronronear y maullar un poco ya me relajo y lo paso bien muy fácilmente, me despeja la mente.”

Víctor, de treinta y ocho años, aficionado a comportarse como un perro junto a una chica que adopta el papel de su dueña, comenta las curiosidades que diferencian a quienes disfrutar del rol de gato y el de perro.

“Esto es un poco cómico pero es verdad que hay cierto patrón psicológico porque claro, no es el mismo juego, los perros y los gatos no son iguales. Creo que a la gente que le gusta hacer pet pay como gato disfruta de una comunicación más caprichosa, más orientada a que te consientan de una forma estética, mientras que a mí cuando adopto el papel de perro por ejemplo me gusta más ceder el control total, que me den órdenes y cumplirlas, ser paseado con la correa, que me pongan bozal, ladrar cuando se me pide, ser un poco sometido, y aparte de que me divierte siempre me excita sexualmente, la verdad, para mí sí tiene un fin marcadamente erótico”.

Sara confirma esta distinción: “A mí me gusta que mi pareja me trate bien, me dé cosas de comer que me gustan, beber leche en platito, si se levanta a hacer algo voy a cuatro patas a su lado y me froto con sus piernas, conozco bien el comportamiento de los gatos e imitarlo me divierte un montón. Él lo disfruta de una forma muy estética pero la verdad es que el juego está muy orientado a mi propia diversión.”

Como todo juego requiere de normas y, como explica Víctor, el consenso es crucial: “Cuando nosotros jugamos está muy pactado desde el principio, yo entro en rol de perro y ella en rol de ser mi dueña, tenemos hablado lo que nos gusta y lo que no y hasta que el juego acaba no salimos de ahí a menos que se use una palabra de seguridad”.

Para Sara estas normas también existen pero depende del enfoque que le den cada vez: “Si no es sexual puede surgir en cualquier momento que me apetezca porque suelo empezar yo, me puedo empezar a comportar como gatita y si a él le viene bien lo acepta y me sigue el rollo un rato sin más".

"Cuando hay más preparativos como el disfraz completo está claramente pactado, el juego tiene un principio y un fin más cerrado y yo mantengo el rol de gata durante todo el acto sexual, maullando, adoptando las posturas típicas felinas y durante ese trance no me comunico como una persona a no ser que pase algo extraordinario como una molestia o una urgencia. Esta forma de hacer las cosas no es tan habitual, nosotros practicamos sexo sin adoptar ningún papel a menudo, pero es verdad que yo disfruto más así y me hace especial ilusión, aparte de que psicológicamente me sienta bien.”

Para Víctor no existe una aspiración más deseable: “Estos momentos de juego como perro son extremadamente divertidos y placenteros para mí, creo que no hay actividad que disfrute más en la vida.”

Los mas vistos

Más noticias

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.