Las despedidas de soltero y soltera cada vez son más estrambóticas. Si hace años se estilaban las diademas con penes colgando, ahora la cosa va más allá.

Los integrantes de las despedidas de soltero se disfrazan de cualquier cosa y asaltan a la fuerza los locales de moda. Entran y salen, pasean, beben y arman jaleo...

Muchos locales cuelgan en sus puertas la prohibición de este tipo de celebraciones, porque molestan a sus clientes, y no resultan demasiado rentables.

Además, suelen plantearse pruebas a los novios, algunas inocuas: como conseguir el máximo de besos de desconocidos (en la mejilla, claro).

Y otras más peligrosas, como aguantar desnudo y “pegado” a un poste, enrollado con papel de celofán...

O enseñarle el culo al máximo de personas, con el riesgo de llevarse una bofetada, o dos, o tres...

Pero lo cierto es que las despedidas de soltero sacan lo más gamberro de nosotros, porque el objetivo parece ser ridiculizar a los novios, y beber tanto que mañana todo sea un recuerdo vago.

Lo malo es que quienes se cruzan con las despedidas, no andan igual de bebidos,y mañana sí se acordarán de todo.