EL REFRANERO ESPAÑOL

EL REFRANERO ESPAÑOL

Alcohol, sexo y juego se esconde en el origen de las expresiones españolas más conocidas

Frases como “poner los cuernos” o "irse de picos pardos” tienen un peculiar origen histórico que pocos conocen.

María Morte
  Madrid | 26/04/2019
'La Alcahueta' de Dirck van Baburen
'La Alcahueta' de Dirck van Baburen | Dominio Público - Wikipedia

El refranero español es todo un quebradero de cabeza, los bienaventurados que deciden aprender castellano pueden volverse locos si tratan de entender su significado al pie de la letra. En la mayoría de los casos, ni siquiera los que tenemos el castellano como lengua materna conocemos las enrevesadas historias que se esconden tras estas expresiones. Lejos de ser ingenuos, muchos de los refranes de la abuela tienen su origen en el consumo de alcohol, la prostitución e incluso el juego.

Este es el sorprendente origen de las frases hechas que tanto caracterizan a la lengua castellana:

[[LINK:INTERNO|||Video|||5ca22ba87ed1a8d242ed898c|||“Poner los cuernos”]]

Un animal no puede ver sus propios cuernos, de la misma manera que el miembro de la pareja traicionado suele ser el último en enterarse de la infidelidad. Asimismo, para muchas culturas los cuernos simbolizan el matrimonio, pues hacen referencia al “animal salvaje domado”.

Sea como fuere, el origen de esta expresión se la debemos a la barbarie propia de los vikingos y señores feudales. Los jefes de las aldeas vikingas poseían el derecho de yacer con cualquier mujer. Cuando exigían a alguna joven hacer cumplir con dicha obligación, colgaban en la puerta de su casa su casco de cuernos para evitar ser molestados. Ni falta hace decir que la mayoría de estas mujeres estaban casadas.

En la España del medievo sucedía algo parecido: el llamado “derecho de pernada” permitía al señor feudal desposar a toda doncella que fuera a contraer matrimonio con alguno de sus siervos. Esta peculiar noche de bodas se indicaba con una cornamenta de ciervo en la puerta de la casa de los recién casados. A raíz de esta atroz tradición, se tomó por costumbre arrojar cuernos en las viviendas ajenas, con la intención de insinuar la existencia de una infidelidad en dicho hogar. Esta práctica llegó incluso a estar penada con multas y cárcel por alterar el orden público.

Vikingo | flickr

Marcharse “a la francesa”

Solemos usar esta expresión cuando alguien realiza el desplante de marcharse sin despedirse. Coloquialmente, también se emplea cuando, en una relación amorosa, alguno de los amantes desaparece sin dejar rastro.

Su origen se remonta a la corte francesa del siglo XVIII, dónde se puso de moda marcharse de la fiesta sin despedirse. Al parecer, interrumpir una conversación para decir adiós era una costumbre propia del pueblo llano, y muy mal vista por la nobleza y el clero. Los españoles e ingleses, dado el poco aprecio que sentían hacia su país vecino, se burlaron de esta tradición empleando esta expresión como sinónimo de mala educación.

“Irse de picos pardos”

Para quien no esté familiarizado con esta expresión, según la RAE, equivale a “ir de juerga o diversión a sitios de mala nota”. Del origen de esta frase hecha tan peculiar es responsable Carlos III. En el Madrid del s XVIII, a las “mujeres de bien” no se les permitía salir de casa una vez entrada la noche. Cualquier fémina que decidiera dar un paseo nocturno se arriesgaba a ser increpada por las tropas reales. Las únicas mujeres con posibilidad de tener vida social una vez cayera el sol eran, como no, las prostitutas. Con el fin de evitar malentendidos, Carlos III ordenó que las rameras llevaran trozos de tela oscuros en los picos de sus faldas para diferenciarse del resto de mujeres, que los tenían más claros. A partir de entonces, los hombres que frecuentaban estos antros utilizaban el eufemismo “irse de picos pardos” para ocultar su actividad nocturna a sus respectivas esposas.

Retrato de Carlos III | Wikipedia

Hacerse el sueco

Hacerse el sueco hace referencia a desentenderte disimuladamente de un asunto, con el fin de evitar involucrarse en una actividad. Un ejemplo de la procedencia de esta expresión , y además muy visual, lo encontramos en las películas de Pajares y Esteso, conocidos actores del destape. A finales de los 50 y durante los 60, una multitud de turistas suecos abarrotaron las playas españolas. Al parecer, estos veraneantes poca idea tenían de español y, cuando eran interrogados por la población nacional, decidían hacer caso omiso. Especial mención merece el caso de las modernas y liberales mujeres suecas que, como muestra el cine de Alfredo Landa, eran perseguidas por los hombres españoles. Ante piropos e insinuaciones, las extranjeras solían responder con la más completa indiferencia.

Matar el gusanillo

Aunque actualmente esta expresión se use para mencionar que hemos picado algo ligero, su significado original es un poco más impío. Antiguamente se tenía la creencia de que en nuestro estómago habitaba un peligroso gusano que podía llegar a matarnos. Para combatirlo, la única opción era incluir en el desayuno una buena copa de aguardiente, el gusano quedaba adormecido y era incapaz de hacernos daño. De esta manera “Matar el gusanillo” se convirtió en la excusa de los españoles para tomarse una copa de alcohol a primera hora de la mañana.

Tirar la casa por la ventana

El monarca Carlos III vuelve a ser el responsable el origen de esta expresión y, aunque esta vez nada tiene que ver con la prostitución, su procedencia tampoco es demasiado lícita: el juego.

“Tirar la casa por la ventana” significa derrochar o gastar en exceso, pero en el pasado sí poseía un significado literal. Ante una gran crisis de la hacienda española, Carlos III tuvo una peculiar idea para reanimar las arcas españolas: en 1763 celebró la primera lotería primitiva, lo que ahora se conoce como lotería nacional y se celebra el 22 Diciembre. Los agraciados del sorteo, cómo símbolo de una nueva vida, pero principalmente para dar envidia a sus vecinos, arrojaban el mobiliario por las ventanas de sus casas.

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