La vida a gran altitud impone una serie de limitaciones y estrés sobre el cuerpo humano. Debido a esto, se creía que el asentamiento de poblaciones en entornos a gran altitud ?más de 2.500 metros sobre el nivel del mar? era algo reciente en la historia de la humanidad.

Los restos hallados en un refugio a 4.000 metros de altitud en un refugio rocoso en las montañas de Bale, en Etiopía, parecen demostrar lo contrario. La investigación, que se publica en la revista Science, revela a través de análisis arqueológicos, biogeoquímicos y cronológicos de restos fósiles, que en esos yacimientos vivieron poblaciones de recolectores de la Edad de Piedra, hace unos 45.000 años.  

?Los habitantes prehistóricos eran cazadores-recolectores, lo que significa que eran altamente móviles, no sedentarios y vivían de la comida que obtenían al alimentarse. Vivían en pequeños grupos y usaban el lugar como una especie de campamento base?, declara a Sinc Götz Ossendorf, científico de la Universidad de Colonia (Alemania) y coautor del trabajo.

El yacimiento fue descrito por primera vez por un equipo ruso en 2013 mientras realizaban trabajos paleoecológicos (polen y esporas) en el refugio de rocas  para reconstruir el entorno de los últimos 16.000 años. ?Nosotros fuimos los primeros en descubrir los depósitos arqueológicos que datan entre 47.000 y 31.000 años atrás?, añade el investigador.

Las fechas de radiocarbono del yacimiento sugieren que la ocupación comenzó durante el Pleistoceno tardío. El entorno permitió estadías a largo plazo en el área conocida como Fincha Habera durante varios miles de años de forma repetida, aunque los científicos desconocen si esta ocupación fue permanente.

Esto se debe a que esta región durante la última glaciación estaba más allá del borde de los glaciares. Por tanto, había cantidad de agua suficiente disponible, ya que se derretían en fases.

Inhóspito para vivir, ideal para investigar

Las montañas de Bale están en una región bastante inhóspita y con un bajo nivel de oxígeno en el aire. Las temperaturas fluctúan bruscamente y llueve mucho.

En este entorno, los arqueólogos hallaron evidencias de que estas personas cazaban ratas topo gigantes, extraían obsidiana a 4.200 metros sobre el nivel del mar para fabricar sus herramientas y usaban agua derretida de los glaciares cercanos.

?Encontramos muchos huesos de ratas topo gigantes que tenían marcas de corte y la mayoría estaban carbonizadas, por lo que estamos seguros de que la gente los comía?, apunta a Sinc Bruno Glaser, autor principal del estudio en la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg (Alemania). Estos animales eran fáciles de cazar y proporcionaron suficiente carne, suministrando así la energía necesaria para sobrevivir en un terreno muy abrupto.

Además de estos fósiles, hallaron miles de artefactos de piedra típicos de la Edad de Piedra Media, restos de fauna que los humanos prehistóricos cazaban, entre ellos antílopes y un solo fragmento de cascarón de huevo de avestruz. ?Estas aves no viven en estas altitudes, por lo que los humanos prehistóricos deben haberlas traido de las tierras bajas?, dice Ossendorf.

Las duras condiciones de las montañas Bale presentan condiciones ideales para el trabajo de los científicos, ya que el suelo solo ha cambiado en la superficie durante los últimos milenios. Dichos análisis solo pueden realizarse en áreas naturales con poca contaminación, de lo contrario, el perfil del suelo cambiaría demasiado por el impacto  más reciente.

Por este motivo, los científicos desarrollaron un nuevo tipo de paleotermómetro que podrá usarse para rastrear el clima en la región, incluida la temperatura, la humedad y la precipitación.

?Utilizamos un paleotermómetro existente que emplea la cantidad de lípidos producidos por las bacterias del suelo en función de la temperatura. Además, desarrollamos un paleohigrómetro basado en un enfoque de isótopos estables acoplados de lípidos y azúcares de cera vegetal. Actualmente, ambos métodos solo se utilizan para la reconstrucción del paleoclima?, explica Glaser.

Capacidad de adaptación

Según el equipo de investigación, este estudio no solo proporciona nuevas ideas sobre la historia de los asentamientos humanos en África, sino que también da información importante sobre el potencial humano para adaptarse física, genéticamente y culturalmente a las condiciones ambientales cambiantes. Un ejemplo de ello son  los grupos de personas que viven en las montañas etíopes hoy en día, que pueden lidiar fácilmente con bajos niveles de oxígeno en el aire.

El trabajo liderado por la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg (Alemania) también ha contado con la cooperación de las universidades alemanas de Colonia, Rostock y Marburgo, así como las de Berna (Suiza) y Addis Abeba (Etiopía).

Referencia bibliográfica:

"Middle Stone Age foragers resided in high elevations of the glaciated Bale Mountains, Ethiopia" Science