Una investigación liderada por el ISGlobal de Barcelona, publicada en Jama Network Open, vincula la exposición prenatal a estas sustancias con una peor salud metabólica en la infancia, lo que aumenta el riesgo de sufrir hipertensión u obesidad al llegar a la edad adulta. Por ello, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición recomienda adoptar hábitos preventivos para minimizar este contacto.

La alimentación es una de las principales vías de entrada de estos compuestos. Los expertos aconsejan priorizar alimentos frescos y de proximidad, evitando los ultraprocesados y enlatados cuyos envases pueden liberar sustancias nocivas. En la cocina, es preferible sustituir los plásticos por vidrio, acero o cerámica, especialmente cuando se aplica calor, y evitar sartenes con antiadherentes que contengan perfluorados (PFAS). Asimismo, se debe limitar el consumo de pescados de gran tamaño, como el pez espada, debido a su acumulación de mercurio, un metal que el estudio asocia directamente con un mayor riesgo metabólico infantil.

Higiene, cosmética y entorno doméstico

El hogar puede ser un foco importante de exposición si no se toman precauciones. Mantener la casa bien ventilada y libre de ambientadores o pesticidas es fundamental para reducir la carga química en el aire. En el cuidado personal, los especialistas sugieren utilizar productos de higiene y cosmética libres de parabenos, siliconas y triclosán. Estas sustancias químicas "eternas" no solo persisten en el medio ambiente, sino que pueden interferir con las hormonas sexuales esteroideas, afectando de manera diferente a niños y niñas según su susceptibilidad biológica.

Incluso los tejidos y objetos que nos rodean influyen en la salud hormonal. La SEEN recomienda elegir fibras naturales como el algodón frente a las sintéticas y lavar siempre la ropa nueva antes del primer uso para eliminar restos de tratamientos químicos.

Respecto a los más pequeños, es preferible optar por juguetes de materiales naturales o con etiqueta CE, evitando los plásticos perfumados que suelen contener retardantes de llama o ftalatos, sustancias que el estudio de ISGlobal identifica como factores de riesgo para el síndrome metabólico.

Prevención antes de la concepción

La salud metabólica de la madre antes del embarazo también juega un papel determinante. Dado que muchos contaminantes tóxicos son liposolubles y se acumulan en la grasa corporal, los endocrinólogos recomiendan alcanzar un peso saludable antes de la concepción.

Perder peso durante el embarazo podría liberar estas sustancias almacenadas al torrente sanguíneo, aumentando la exposición del feto. Esta medida, junto con la reducción del uso de tintes, aerosoles y pinturas, forma parte de un escudo preventivo esencial.

En definitiva, aunque la exposición a disruptores endocrinos es generalizada en el mundo moderno, pequeños cambios en las rutinas diarias pueden marcar una diferencia significativa. Los resultados científicos subrayan que proteger el entorno hormonal durante la gestación no solo beneficia a la madre, sino que es una inversión directa en la salud cardiovascular y metabólica de las futuras generaciones. La prevención hoy es la herramienta más eficaz contra el aumento de enfermedades como la diabetes tipo 2 y la obesidad en la población joven.