Al comparar a miles de desertores norcoreanos reasentados en el sur con la población nativa surcoreana, los científicos han podido observar qué ocurre cuando dos grupos con la misma base genética se exponen a condiciones de vida opuestas. Los resultados, publicados en el Journal of Internal Medicine, demuestran que el contexto socioambiental tiene más peso que la herencia en la aparición de determinados tumores.

La investigación utilizó la base de datos del Seguro Nacional de Salud de Corea para analizar a casi 26.000 desertores y más de 1,2 millones de residentes del sur. Al inicio de su reasentamiento, los norcoreanos presentaban un perfil de salud marcado por su entorno de origen: un riesgo mucho mayor de sufrir cánceres relacionados con infecciones, como el de hígado o el de cuello uterino. Por el contrario, mostraban una incidencia notablemente inferior en tumores típicos de sociedades desarrolladas y estilos de vida occidentales, como el de mama, colon o próstata.

La rápida adaptación del perfil oncológico

Lo más sorprendente del estudio es la velocidad con la que el perfil de riesgo de los desertores comenzó a transformarse tras su llegada a Corea del Sur. Con el paso del tiempo y la adopción de nuevas pautas de consumo, niveles de actividad física y acceso al sistema sanitario, su mapa del cáncer empezó a asemejarse al de sus vecinos del sur. Esta transición epidemiológica sugiere que el cuerpo humano se adapta con rapidez a los cambios sociales y ambientales, modificando la vulnerabilidad ante enfermedades que antes les eran ajenas debido a su aislamiento.

Este fenómeno, que los expertos califican como un "modelo de evolución epidemiológica", confirma que factores como la dieta, la contaminación o la exposición a patógenos pueden anular o potenciar ciertas predisposiciones genéticas. Para el autor principal, Sin Gon Kim, este trabajo no solo es relevante para la península coreana, sino que sirve de guía para entender cómo evolucionará la salud de otros grupos vulnerables y migrantes en transición en todo el mundo, permitiendo una planificación sanitaria mucho más precisa.

Lecciones para la prevención global

El hallazgo subraya que el cáncer no es un destino escrito únicamente en el ADN, sino un proceso dinámico moldeado por el lugar donde vivimos y cómo nos comportamos. La identificación de este cambio en el patrón oncológico permite a los sistemas de salud anticiparse y diseñar campañas de prevención específicas para poblaciones que se mudan de entornos en desarrollo a países industrializados.

Al detectar precozmente la tendencia al aumento de cánceres de colon o mama en estos grupos, se pueden implementar cribados y consejos nutricionales antes de que la enfermedad se manifieste. En definitiva, las dos Coreas han ofrecido a la ciencia un laboratorio humano involuntario pero revelador.

La genética pone el escenario, pero es el entorno el que decide qué obra se representa. Este estudio es un recordatorio de que mejorar las condiciones de vida, la higiene y la alimentación no es solo una cuestión de bienestar social, sino una herramienta de primer orden para frenar la expansión de la enfermedad oncológica a nivel global.