LAS MUJERES EN EL IMPERIO DEL SOL NACIENTE

LAS MUJERES EN EL IMPERIO DEL SOL NACIENTE

Feminismo también se pronuncia en japonés, en un país que le da la espalda al acoso o a la violación

La cosas están cambiando en el país de los samuráis y las geishas. Nadie esperaba que una mujer pudiera llegar a ser la Gobernadora de una ciudad como Tokyo, pero ocurrió gracias a Yuriko Koike. Grupos de mujeres enarbolan la bandera del #MeToo en un país que le da la espalda al abuso, al acoso y a la violación, que continúa siendo un tabú social.

Peineta japonesa
Peineta japonesa | Tumblr

PEDRO MATEO | @pedromateo2011 | Madrid | Actualizado el 23/03/2018 a las 10:45 horas

Es cuanto menos llamativo y paradójico que en plena sociedad feudal japonesa, sociedad que no se caracterizaba precisamente por sus políticas de igualdad de género, apareciera una casta de mujeres guerreras como las 'onna-bugeisha' o 'mujeres-samurái.'

Eran las esposas, hijas y hermanas de los samuráis. Luchaban para proteger su casa, hijos y honor cuando los esposos y padres marchaban al frente. Eran mujeres guerreras como las 'Amazonas' o las 'Valkirias.' Y no sólo eso, entre los años 554 y 1770, Japón llegó a tener 5 emperatrices. Éstas jugaron un papel muy importante para el desarrollo del país. Pero con la llegada del 'Confucianismo' en el siglo VI, la situación de la mujer cambió radicalmente. Empezaron a ser consideradas seres inferiores. Durante el Shogunato Tokugawa, la mujer tenía que respetar las llamadas 'tres obediencias': padre, hermano y esposo.

Y así fue durante siglos. Hasta que, tras la derrota en la II Guerra Mundial y la posterior ocupación estadounidense de Japón, gobernantes y ciudadanos tuvieron que aceptar un paquete de reformas destinadas a modernizar, democratizar y occidentalizar el país. La Ley de igualdad de oportunidad de empleo entre hombres y mujeres llegó muy tarde, el 1 de Abril de 1989.

Esta ley imprimió algo de optimismo. Pero la igualdad de género a nivel de cargos y salarios fue lo que es ahora, un futuro sin futuro. Demasiados siglos de confucianismo hicieron demasiado daño. Las altas esferas han hecho lo imposible para que los muros de su fortaleza sean prácticamente infranqueables.

Afortunadamente no faltan mujeres fuertes y valientes capaces de derribar alguno de estos muros. Como la mencionada gobernadora de Tokyo o, por ejemplo, Yoshiko Shinohara, fundadora y propietaria de Tempstaff Group, la mayor empresa de trabajo temporal de Japón y una de las mujeres empresarias más poderosas del mundo.

Estas mujeres representan la esperanza de la población femenina japonesa. Pero la realidad se impone. Los resultados del Foro Económico Mundial de 2017 son claros. En cuanto a igualdad laboral se refiere, Japón se sitúa en el último puesto de los 144 países que componen el ranking. Esta desigualdad, por supuesto, trasciende lo estrictamente laboral. La mujer es constantemente humillada y vapuleada a nivel público y privado.

Hakuo Yanagisawa, ex-ministro de Sanidad en 2007, describió a las mujeres como: “máquinas de hacer niños”. De hecho, una chica con más de 30 años no está bien vista por sus compañeros de oficina. Los hombres la machacan a preguntas del tipo: ¿no eres demasiado mayor para ser soltera?, ¿cuándo vas a tener hijos?, ¿cuándo te vas? Los hombres quieren chicas jóvenes y guapas o 'shokuba no hana,' es decir, chicas de los recados que además les proporcionen placer visual.

El 70% de las japonesas renuncia a su trabajo tras su primer hijo. Sus hijos, su marido y su casa son su inevitable destino. Muchas se niegan a asumir ese destino y a quedarse embarazadas. Los índices de natalidad están por los suelos, la población envejece y la falta de mano de obra está agrietando la economía de la súper potencia nipona.

Apenas un 20% de esas empresas cuenta con una mujer en su junta directiva. Pueden llegar a cobrar hasta 800 dólares mensuales menos que ellos. Los puestos de responsabilidad son casi una utopía para las japonesas. Ellos nunca lo van a permitir.

Y no sólo eso, sino que casi un tercio de las mujeres ha sufrido algún tipo de abuso o acoso sexual en su puesto de trabajo. Lo más triste es que casi nunca denuncian. Sucede lo mismo con las violaciones. Apenas el 5% de las víctimas denuncian. Hasta el año pasado, si una mujer era forzada sexualmente no era considerado violación.

Estamos hablando de una ley de 1907 reformada en 2017. Es una locura. Denunciar incluso se ha convertido en un tabú sexual. Es una situación diabólica e insoportable y muchas optan por el suicidio.

Afortunadamente, existen casos como el de la periodista 'Shiori Ito,' quien a finales del año pasado, denunció una violación por parte de otro periodista, Noriyuki Yamaguchi. Experiencia que plasmó en el libro 'Black Box.'

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