Y no tiene desperdicio.

Y no tiene desperdicio.

El Bar Coyote no está en Nueva York, está en Albacete

Si la joven protagonista de la película lo hubiese sabido, igual hubiese puesto rumbo al Nueva York de la Mancha, como bien definió Azorín a esta ciudad manchega en un poema de finales del siglo XIX.

Piper Perabo en 'El Bar Coyote'
Piper Perabo en 'El Bar Coyote' | seestrena.com

MARÍA JIMÉNEZ | @tribusocultas | Madrid | Actualizado el 28/06/2018 a las 08:46 horas

Reconozco que desconocía la existencia de ‘El Bar Coyote’ en mi ciudad natal y mi sorpresa fue mayúscula cuando, además, me dijeron que este año celebra su duodécimo aniversario. ¿Doce años lleva este local abierto en Albacete y yo no he ido? “Esto hay que solucionarlo”, me dije a mí misma. Ni corta ni perezosa, pregunté a mis amigos si alguna vez habían ido y todos ellos se fueron, cómo no, por los cerros de Úbeda. “Bueno a ver sí… he oído hablar de ella, está por el polígono industrial Campollano y bueno… se ve que hay chicas bailando en la barra”, me decía titubeante Juan Luis. ”A ver, querido, que sé que has ido y no te juzgo, pero que solo quiero que me acompañes que tengo que escribir un artículo”, le dije. Me encantó ver su cara de alivio, por una parte, y de alegría, por otra, al tener una excusa plausible con la que justificar su presencia en esta sala.

Antes de que llegase la noche en la que visitaría mi primer ‘Bar Coyote’, me metí a investigar en su página de Facebook. No hubo ninguna sorpresa. Bailarinas sobre la barra y espectáculos pole dance bastante potentes. De hecho, me sorprendió que en las próximas semanas iba a tener lugar un show lésbico con dos de las chicas del momento de la sala Bagdad. Nivelón, todo sea dicho. Para quien no lo sepa, esta sala barcelonesa está considerada una de las mejores en cuanto a espectáculos eróticos y sexuales, ya que también cuenta con habitaciones y salas privadas donde clientes y bailarinas pueden pasar a mayores, si ambos así lo desean.

Película Bar Coyote | Agencias

Por un momento dudé sobre la naturaleza de ‘El Bar Coyote’ albaceteño. O bueno, para ser más exactos, el ‘Texas Coyote Albacete’, que queda muchísimo mejor y así se puede camuflar como un espectáculo de rodeo americano (ejem, ejem). Todo sea por no llamar demasiado la atención. A lo que iba. ¿Me encontraría al llegar al Texas (para los amigos), con que las chicas también ofrecerían servicios sexuales? Según su descripción en Facebook, esto es simple y llanamente, una “discoteca y club nocturno”. Tendría que descubrirlo de primera mano.

Viernes, 2:30 horas de la mañana, y aquí la que escribe entra con paso firme en el ‘Texas Coyote Albacete’. Sorprendentemente no soy la única chica, también están las bailarinas y las camareras. Miro a mi amigo con cara de “estoy más incómoda que un tronista de ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’ en una biblioteca”, pero andamos hasta la barra. Esto no hay cuerpo que lo aguante si no es con una copa. Habrá unos veinte hombres (la mayoría no llegan a los cuarenta) y nos miran como si fuésemos bichos raros. Normal. Damos mucho el cante, pero ya que hemos venido, habrá que participar, ¿o qué?

“Un whisky con coca cola y un ron con limón”, le digo a la camarera. “¿Qué? ¿A qué tenías curiosidad por ver cómo era esto?”, me dice con una sonrisa de oreja a oreja. Me ha pillado. Yo no puedo más que asentir y sonreír. “No sabes, nena, la de chicas que vienen a ver de qué va esto”, me dice. Vaya por Dios, no soy especial. Nos sirve los cubatas en copas de balón y nos cobra: “Cuarenta euros, por favor”. ¡La Virgen! Aunque pensándolo bien, hay discotecas en Madrid que cobran a dieciocho euros los cubatas y no te ofrecen ningún tipo de espectáculo.

De repente, la música cambia, las luces comienzan a esfumarse (aún más) y una chica subida a unos taconazos y vestido con lencería fina, fina se sube a una tarima ubicada en medio de la sala con una barra americana. Y comienza el show. Llamadme rara, pero durante toda la actuación no pude más que observar absorta todos sus movimientos. Sinceramente, ¿cómo narices puede una colgarse de una barra solamente con el muslo y poner cara de “estoy muy excitada” a la vez? Un Oscar para esta chica ya, por favor. Durante los veinte minutos que duró el show, los hombres a mí alrededor se la comían con la mirada. No les juzgo, sinceramente. La combinación de alcohol, lencería, erotismo y nocturnidad no pueden llevar a otra cosa más que al deseo. Las cosas como son.

Película Bar Coyote | Agencias

Diez minutos más tarde, dos chicas también vestidas con lencería erótica-festiva y taconazos (es el uniforme oficial de las Coyote) invaden una de las barras del bar y se ponen a juguetear la una con la otra. De verdad que nunca he entendido esa obsesión de los hombres con que dos mujeres se lo monten juntas. Quizá es porque a mí ver que dos hombres se lían no me produce ningún tipo de excitación. Igual soy yo la rara. Como no podía ser de otra manera, los silbidos y aplausos por parte del público no se hacen esperar. Lo están petando.

Mientras observo el ambiente en el que me encuentro, me doy cuenta de que la decoración está bastante lograda. Placas de la ruta 66, cuadros del salvaje Oeste, águilas, anuncios de Jack Daniels, neones... Vaya, que poco tiene que envidiarle a los restaurantes Hard Rock, salvo por lo de que aquí la carne solo se mira, no se come. Apuro la primera copa (y la última, no está mi economía para convertirme en socia mayoritaria del Coyote, alcohólicamente hablando) y me acerco a la barra para intentar sonsacar información sobre si aquí realmente la carne no se come.

“Pues al final me ha gustado el sitio, fíjate”, le digo a la camarera mientras le paso amablemente el vaso ya vacío. “Lo único que… con tanto tío y excitación… ¿de verdad la cosa no va a mayores?”, le digo consciente de que la sutileza no es mi fuerte. “¡Pero qué dices, querida! Se le caería el pelo a mi jefe. Esto no es un puticlub, aunque mucho chicos creen que sí y acabamos echándolos para que no la líen”. Imagino.

Al final, me doy cuenta de que el Texas Coyote tampoco es para tanto. De hecho, esperaba encontrarme con un ambiente mucho más sórdido y no deja de ser un club con gogós, hablando en plata. Eso sí, no me voy de aquí sin pedir una botella de agua para ver si sacan la manguera como en el verdadero ‘Bar Coyote’. Mi gozo en un pozo. Eso sí, lo que me sacaron fueron diez euros. ¡Salud!

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