Setenil de las Bodegas, Cádiz

Este pintoresco pueblo de la provincia de Cádiz cuenca con un entramado urbano muy especial, pues el centro de la está incrustado en un tajo formado en la roca por el paso del rio Guadalpocún. El centro del pueblo está declarado Conjunto Histórico. Setenil de las Bodegas es uno de los Pueblos Blancos de Cádiz, y seguramente el municipio más particular de la provincia. Es un reclamo en Semana Santa debido a la belleza de sus celebraciones.

Cueva de la Candelaria, La Palma | Frank Vincentz en Wikipedia. Licencia: Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Proís de Candelaria, La Palma

Proís de Candelaria pertenece al Municipio de Tijarafe, se encuentra en un entrante del mar formado por la erosión de las olas. En esta gran oquedad se formaron numerosas cuevas en las que lo lugareños construyeron refugios. En ellos pasaban los días de verano. Para llegar hasta este enclave debemos seguir un sendero desde el que podremos ver la escarpada superficie del barranco y visitar la Cueva de la Virgen de la Candelaria.

Rojales, Alicante | Øyvind Holmstad en Wikipedia. Licencia: Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported

Rojales, Alicante

En el siglo XVIII hubo un movimiento poblacional que llevó a mineros murcianos a trasladarse a Alicante para trabajar en labores agrícolas. Hicieron uso de sus habilidades como picapedreros y se excavaron sus viviendas en la roca, generando un entramado urbano. Generaciones de rojaleros han vivido en estas casas hasta principios del siglo XX. Hoy en día constituyen Las Cuevas del Rodeo, uno de los atractivos turísticos del pueblo más especiales, y desde el Ayuntamiento recomiendan encarecidamente su visita.

Arguedas, Navarra | De Araceli Merino - Trabajo propio, licencia CC BY-SA 3.0

Arguedas, Navarra

En este municipio español con categoría histórica de villa, se construyeron en el siglo XIX casas-cueva para los habitantes que no podían permitirse comprar una vivienda. La orografía del terreno estaba a su favor, pues fue posible excavar habitáculos en la roca, dispuestos a lo largo de la fachada, aprovechando la luz natural, ya que eran muy pocos los que disponían de electricidad. A mediados del siglo XX se llegaron a contar más de cincuenta casas-cueva, y muchas de ellas tenían granero y corral. No obstante, en la década de 1960 estas viviendas fueron abandonadas con la construcción de las viviendas sociales.