Es uno de los rincones más privilegiados del planeta, una isla tropical con playas de cocoteros, de arena blanca y aguas turquesa, protegida de los embates del océano Ýndico por sus arrecifes. Es Zanzíbar, la “isla de las especias” o “isla de los sultanes”. No solamente es un paraíso natural, es también una isla cargada de historia que a lo largo de los siglos ha sido codiciada por sumerios, egipcios, fenicios, indios, chinos, portugueses, holandeses e ingleses que dejaron en ella su impronta; aunque serían los mercaderes árabes del sultanato de Omán los que permanecieron más tiempo en ella, convirtiéndola en centro del comercio de esclavos, especias y marfil. En 1963 consiguió su independencia y pasó a formar parte de Tanzania, aunque tiene bastante autonomía. El centro histórico de su capital, Stone Town, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por ser uno de los núcleos más importantes de la cultura suahili. Recorrerlo es una experiencia mágica. Mezquitas, casas y bazares con fuerte olor a especias nos transportan a la época de los sultanes. Callejones sinuosos que huelen a zoco, bulliciosos mercados con objetos curiosos, puestos de frutas y verduras, pescado y casas de adobe que muestran la influencia de las diferentes culturas y tradiciones traídas de otros países. Edificios de piedra con impresionantes puertas labradas en madera de teca que determinaban la clase social de sus moradores, símbolo de riqueza, cuanto más grande y decorada más importante era su dueño. Pero Zanzíbar no fue siempre ese paraíso que nos parece hoy, durante muchos años fue la capital del tráfico de esclavos. La capital de la vergüenza que se palpa en la Casa de Tippu Tip, famoso traficante, o en la Catedral Anglicana levantada sobre el antiguo mercado de esclavos. Aún hoy se puede sentir la sensación de asfixia al visitar las fosas donde los encerraban durante 162 días para subastar posteriormente a los que sobrevivían. Lejos de ese pasado histórico, en la actualidad, volcada en el turismo, se ha convertido en uno de los grandes destinos africanos. Gracias a sus exóticas playas y su excelente clima durante todo el año se puede practicar buceo en la barrera de coral , windsurf, submarinismo o vela.