De Mediterráneo a Cantábrico, del Cabo de Creus al Golfo de Vizcaya, se erige la cordillera que nos une al resto de Europa; Aneto, Posets, Monte Perdido, Pico Maldito, Pico Espadas, o Vignemale se elevan más de 3000 metros del suelo al cielo y coronan una montaña esquiable se mire por donde se mire, al lado francés, español o andorrano. Hoy barremos para casa y nos quedamos en la ladera sur que toca Huesca para descubrir en ella las tres estaciones de pirenaicas que gestiona Aramón. Aramón nace para llevar el ocio a la montaña y mantenerla viva, para convertirla en destino seductor e irremediablemente atractivo por su belleza natural, su perfecta conservación y también por las intensas actividades que se despliegan en ellas. Las rutas en bicicleta causan sensacón pero actualmente, dado el tiempo de invierno por el que discurrimos, la actividad estrella es, sin duda, el esquí. Y es que son tres las estaciones de esquí del Pirineo aragonés: Cerler -la de mayor desnivel-, Panticosa -la más recomendable con niños- y Formigal -la más grande-; cada una de ellas merece mención aparte, como la merece el hecho de que Aramón no sólo se ocupa de te las pistas por las que te mueres por deslizarte sino que te organiza incluso el viaje a través de Aragón Esquí. Llegados a este punto, enfundémonos la ropa de nieve y frío, calcémonos los esquíes y dispongámonos a disfrutar del Pirineo aragonés.