A solo 50 kilómetros de Cáceres y flanqueado por el Río Búrdalo, afluente directo del Guadiana, en un intenso y fantástico paisaje natural se encuentra Almoharín, un pequeño pueblo extremeño famoso por sus quesos y sus higos. Un municipio conocido sobretodo por el cultivo de la higuera. En tiempos, con una producción de higos de fama mundial, que decayó poco a poco por el trabajo laborioso que suponía. Hoy, sus habitantes han vuelto a cultivarlos a pequeña escala, y una delicatessen muy especial, fruto de estas cosechas, que se exporta a todo el mundo: los bombones de higo. Pero no solo de higos vive el municipio, de gastronomía extremeña, en Almoharín, saben mucho, y de hecho encontramos aquí el centro de interpretación de la deliciosa torta del Casar. Imprescindible. La Torta del Casar se elabora con leche cruda de oveja merina y entrefina, y se cuaja con cardo silvestre entre 28º y 32ºC y durante un tiempo de 50 a 80 minutos, lo que consigue que se mantenga en su interior una crema casi líquida, característica principal de este queso extremeño. En el centro de interpretación cuentan la historia de la Torta del Casar y el proceso de fabricación. Ideal para ir con los peques y llevarte algunos ejemplares de vuelta a casa. Almoharín es un destino perfecto para una escapada, puedes pasear por sus puentes romanos, sus calles y la plaza mayor para conocer su historia y sus tradiciones. La Parroquia del Salvador, declarada Monumento histórico artístico en 1978. un edificio de tres naves con diferentes estilos artísticos en mampostería y en sillares graníticos. La Torre de la Villa, con tres cuerpos y una cúpula, construida entre los siglos XV al XVIII. Una torre defensiva que se ha reconvertido a torre de campanario. Muy singular ya que la iglesia está separada así de su campanario. Y a 7 kilómetros del pueblo la Ermita de Nuestra Señora de Sopetrán, patrona de Almoharín, de finales del siglo XI, con un singular retablo barroco del siglo XVIII. Y si decides hacer una escapada, no te puedes perder un monumento natural único en el mundo, una encina conocida como La Terrona. Este ejemplar es el más grande del mundo con 16 metros de altura y 7,80 metros de perímetro de tronco. Con más de 800 años ha visto cabalgar a los Caballeros de la Orden Militar de Santiago, hacia la Reconquista del siglo XIII. Situada en el Camino Real, en el paraje conocido como Cordel de la Cumbre es simplemente sobrecogedora.