Dicen los entendidos en senderismo que es una pena lo poco conocida que es la sierra de Cuenca por los amantes del montañismo y las caminatas en plena Naturaleza, y es que la provincia castellano-manchega esconde multitud de rutas y caminos a cuál más interesante. Uno de ellos es prácticamente una línea que une dos de las hoces más interesantes del interior peninsular: la de Beteta y la de Solán de Cabra. La Hoz de Beteta es un cañón fluvial espectacular. Está recorrido en su totalidad por el río Guadiela, que ha excavado en la roca caliza un profundo y estrecho tajo por el que discurre, durante una distancia de seis kilómetros, resguardado por acantilados verticales de más de 80 metros de altura. Partiendo del pueblo del mismo nombre, es posible, además de ver lo que el agua del río ha conseguido gracias a una erosión de siglos, entrar en diferentes cuevas. Algunas, como la de la Ramera, de gran profundidad, gustará sin duda a los amantes de la espeología, mientras que otras, como la de Armentero, es más bien un refugio si estamos cansados. Por su parte, la Hoz de Solan de Cabras es de naturaleza más agreste y el recorrido por sus desfiladeros permite acercarse a las casi inapreciables ruinas del Castillo de los Siete Condes, donde un increíble precipicio impacta por la peligrosidad del terreno. El camino sigue hasta la Cruz de la Hoz, donde un crucifijo marca, además, uno de los lugares con mejores vistas, aunque no faltan pequeños bancos que hacen las veces de mirador por la serranía. Allí, al fondo, veremos el final del recorrido: el balneario y la embotelladora de agua de la firma Solán de Cabras. Esta parte del camino es en descenso y se hará por un bosque entre quejigos, pinos y arbustos de boj. El trago de agua mineral está más que recompensado.