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El rincón del poeta

Versos de Machado a orillas del Duero llevan a la Ermita de San Saturio

Cuenta la tradición que en el Siglo VI, un noble soriano llamado Saturio, repartió sus riquezas entre los pobres y se fue a vivir a unas cuevas a orillas del río Duero. Y mucho más tarde se hallaron sus restos creciendo la devoción por este eremita. Tanto, que se construyó un templo en su honor y desde entonces se convirtió en patrón de la ciudad. La Ermita de San Saturio se alza imponente sobre el río, en un equilibrio difícil, en la ladera de una montaña. Las grutas naturales siguen ahí, en su base, y subiendo por el interior, hay tesoros por descubrir, y mucha historia. Un viaje místico comienza nada más cruzar la verja de entrada. Nada más traspasar el umbral la Cueva de San Prudencio, discípulo de San Saturio, quién aprendió del ermitaño. Hay una curiosa historia que cuenta que el santo obró un milagro, extendiendo su capa sobre el Duero y su discípulo lo cruzó sin mojarse. No sabemos si fue tal cual, pero si se sabe que las enseñanazas del santo ayudaron a que Prudenico se convirtiera en Obispo de Tarazona. Uno se imagina las duras condiciones de vida de los anacoretas, hace frío en el interior. Seguimos andando y tras pasar la Cueva de San Prudenico, una espectacular vidriera con la imagen de ambos da paso a una gran sala. La Sala de los Heros, aparece ante nuestros ojos, es donde celebraba sus juntas el Cabildo de los Heros, una especie de Tribunal de las Aguas o hermandad agrícola. Y seguimos subiendo, pasando por donde descansan los restos de San Saturio. Estamos en la Capilla de San Miguel, donde una imagen del Arcángel preside el lugar donde oró y vivió el patrón de la ciudad, y donde San Prudenico le enterró tras su muerte. Más milagros por el camino, como el del niño de 6 años que cayó desde una ventana más arriba y acabó de rodillas a a orillas del río sin un rasguño gracias al Santo. Y un poco más arriba la Vida del Santero, un personaje popular que dedicaba su vida a cuidar la ermita. Solitario y extravagante, vestía un sayal parecido al de un fraile, normalmente calvo y con barba, parecido a San Saturio. Un personaje que fueron muchos, pues se iban sucediendo. Hoy en día, sigue existiendo este oficio, pero acorde a los nuevos tiempos. Y finalmente en la parte de arriba, la iglesia en sí, dedicada al santo, con pequeños tesoros como los frescos del pintor soriano Juan Zapata Ferrer en sus muros y en la bóveda cúpula. En la capilla un busto relicario del santo con sus restos, y la imagen de los principales anacoretas de la Cristiandad. San Saturio, su entorno y su figura han inspirado las plumas de escritores muy diversos, desde Gustavo Adolfo Bácquer a Gerardo Diego, Manuel Palacio, Bernabé Herrero, Aurelio Rioja o Fernando Sánchez-Dragó. Pero nadie como el sevillano Antonio Machado ha captado mejor la esencia de este singular paisaje junto al Duero. Machado amó este paisaje y lo plasmó en sus versos. A los pies de la ermita, existe un rincón, el rincón del poeta, que tanto le inspiró. "Estos chopos del río que acompañan con el sonido de sus hojas secas el son del agua cuando el viento sopla tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombres de enamorados, cifras que son fechas" Antonio Machado

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| 28/02/2015

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