La isla más oriental del archipiélago canario es la más agreste de todas, con un paisaje casi lunar en algunas zonas. Una belleza mineral que surge de la acción y la fuerza de la lava y el mar. Espacios que contrastan, a la vez que se complementan con el blanco de sus construcciones, el verde de su vegetación y su inigualable luz. Sin embargo, es imposible imaginarse la isla tal y como es en la actualidad sin la intervención de César Manrique. Pintor, escultor ecologista, conservador de monumentos, configurador de paisajes y jardines, que sembró la isla con sus genialidades. Precisamente su obra de arte más importante es Lanzarote, transformándola en un lugar donde reina la armonía y la belleza Su influencia marcará el aspecto externo de la isla, siempre respetuoso con el entorno, que fue nombrada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993. Nacido en Arrecife, su capital, en 1919, se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Viaja por varios países y fija su residencia en Nueva York en 1964. Esta etapa será crucial en su vida ya que estará en contacto directo con el expresionismo abstracto americano y el arte pop lo que le permitirá adquirir una cultura visual fundamental en su trayectoria creativa. Es en 1964, al regresar a Lanzarote, cuando estalla su creatividad y comienza una campaña de sensibilización entre sus habitantes. La importancia de respetar el estilo tradicional arquitectónico, el empleo de materiales sostenibles en la construcción y evitar su deterioro urbanístico. Además, logró la implicación del gobierno local con la erradicación del uso de vallas publicitarias tanto en el paisaje como en las carreteras. A pesar de su prematura muerte, atropellado en 1992, su legado nos recuerda constantemente su amor por su tierra: "Para mí era el lugar más bello de la Tierra y me di cuenta de que si ellos eran capaces de ver la isla a través de mis ojos , entonces pensarían igual que yo. Desde entonces me propuse mostrar la belleza de Lanzarote al mundo".