Entre el bullicio de una ciudad tan viva como Madrid se esconden espacios verdes que siempre nos sorprenden; espacios que trasmiten paz, con sus diferentes especies de plantas y flores, ya sean autóctonas o importadas. Madrid es una de las ciudades europeas con más zonas verdes de uso público, algo de lo que se sienten muy orgullosos los madrileños. Un espectacular patrimonio verde. Parques históricos como el del Retiro, con sus avenidas, La Rosaleda, los Jardines de Cecilio Rodríguez o el coqueto Palacio de Cristal que destaca sobre su romántico lago, pero ante todo con un marcado carácter popular, donde se puede correr, patinar, ver a los titiriteros o alguna exposición. Perfectos para pasar un día al aire libre como la Casa de Campo, un antiguo coto de caza real, el Central Park de la ciudad aunque su extensión es cinco veces más grande que el de Nueva York. Otros, como el Real Jardín Botánico, es ideal para pasear tranquilamente entre su vegetación y perderse entre sus más de 5.000 especies de plantas y flores, muchas venidas de los lugares más insólitos del mundo. Imposible verlas en un solo día. Jardines clásicos, como los de Sabatini en las antiguas caballerizas del Palacio Real e inaugurados en 1950; sus diseñadores, Sacheti y posteriormente Sabatini, idearon un espacio neoclásico, geométrico con un gran estanque, fuentes y bellas esculturas en sus paseos. Jardines de diseños vanguardista, que no dejan de sorprender a los transeúntes como el jardín vertical que cubre la fachada de CaixaForum, sí vertical, con sus 24 metros de alto y 18.000 plantas de diferentes especies. Pero existen esos otros menos conocidos, menos famosos, pero que merece la pena recorrerlos para alejarnos del trajín de la ciudad y disfrutar de ese colorido cambiante que se aproxima con el otoño, una de las mejores épocas junto con la primavera.