Lanzarote, bañada por el Atlántico, alberga un gran número de playas y calas. Su belleza y excepcionalidad ha convertido a algunas, como son los casos de la Punta de Papagayo y Famara, en famosas más allá de las propias islas Canarias, pero no son las únicas que merecen atención. Las del sur con las más acogedoras, con unos 20 kilómetros de costa de arena fina, un clima cálido en verano y templado en invierno, y muchísimas de horas de sol al año. En el norte, en cambio, encontramos mejores calas y piscinas naturales, mientras que en el centro de la isla se encuentra nada menos que Costa Teguise, la favorita de los amantes de los deportes náuticos de viento. Y todo ello sin olvidarnos de sus islotes. La Isleta, frente a la localidad de La Santa, de la que solo la separa un estrecho brazo de mar, ofrece paisajes tropicales y buenas posibilidades de pesca submarina. La más conocida, la isla Graciosa, ofrece playas paradisíacas y desiertas, perfectas para los que quieran estar en soledad.