RUTA POR LA CORNISA CANTÁBRICA

RUTA POR LA CORNISA CANTÁBRICA

Glamour sobre raíles en el Transcantábrico

Las antiguas líneas de ferrocarril de la industria minera del norte de España permiten disfrutar de un viaje único: el del Transcantábrico, un tren de época en el que disfrutar de suites de lujo mientras se recorre toda la Cornisa Cantábrica.

¿Se imaginan viajando en un hotel de lujo sobre raíles? Eso es el Transcantábrico Clásico, un lujoso hotel que viaja con nosotros, una experiencia en la que el hotel nos acompaña. No hay que correr con maletas para los traslados, no hay prisas para visitar los monumentos más destacados ni para disfrutar de la mejor gastronomía. Y si su deseo es, además, estar rodeados de un entorno de lujo, unas suites con magníficos decorados y unos salones espectaculares dignos de un hotel de cinco estrellas, entonces su destino es el Transcantábrico Gran Lujo.

Desde 1984, Feve aprovecha las líneas de La Robla a Vizcaya (que transportaban el carbón de las minas leonesas a las siderurgias vascas) para un tren de gran lujo al estilo del Orient Express. Los vagones, los originales del metro de Londres de principios de siglo, viajan ahora por la vía estrecha. La remodelación de los vagones costó dos millones y medio de euros y han permitido crear suites de gran lujo, con cama de 1,5 metros de ancho, saloncito y baño con ducha e hidromasaje, teléfono, e incluso internet y ordenador en la habitación. Y para las zonas comunes, dos salones de lujo: uno más tranquilo, donde disfrutar de bebidas, cafés y una librería, y el segundo con música para amenizar las veladas. Así cada uno encontrará su mejor opción antes del descanso.

El tren tiene 250 metros de largo, 350 toneladas y 1.350 caballos de vapor para arrastrar 14 suites con capacidad para 28 huéspedes. Dispone de un servicio de camareros, cocineros, asistentes, traductores y guías para atender todas las necesidades del pasajero durante los recorridos, que pueden ser de 4 o 7 días, con sus noches. Por cierto, el tren detiene su marcha de noche para no interferir en el descanso de los viajeros.

En el Transcantábrico también se tendrán deferencias gastronómicas con los viajeros relacionadas con los lugares que se visiten; habrá postres típicos de la región por la que se pase (sobaos pasiegos, frixuelos, corbatas de Unquera…) y las comidas que se hagan a bordo serán también con los mejores productos gastronómicos de la zona, como la típica fabada asturiana, el cocido montañés, frescos pescados vascos o el mejor marisco gallego.

En cada itinerario se contemplarán los lugares más destacados, las mejores panorámicas, los monumentos y un recorrido por lo más emblemático de las ciudades a visitar, y por supuesto, la comida en restaurantes seleccionados para deleitarnos con los manjares más típicos de su gastronomía.

Otra de las ventajas es poder disfrutar de las maravillas del paisaje que encontramos en toda la Cornisa Cantábrica: al lento ritmo del tren, que alcanza una velocidad media de 50 kilómetros por hora, podemos apreciar sentados en los sillones y sofás el espectáculo natural que nos proporciona. Incluso las ventanas pueden abrirse; acostumbrados como estamos a ir encapsulados en los transportes públicos, una delicia más es sentir el aire en la cara y embriagarnos de los olores del camino: a hierba mojada, a bosque o a mar. Los itinerarios son vías secundarias y permiten acercarnos a lugares a los que no llega ningún otro tren y casi, casi a la orilla del Cantábrico, donde las olas prácticamente llegan al borde de los raíles.

El precio del viaje en el Transcantábrico Gran Lujo es de 4.575 € por persona para el viaje de 8 días y 7 noches; un poco más económico es en el Transcantábrico Clásico, cuyo precio para los mismos días será de 3.150 € por persona.

En definitiva, un viaje cultural, gastronómico, social y romántico. Un viaje al pasado, a la velocidad y ritmo de las máquinas de vapor con las comodidades del futuro. El servicio, la atención, la comodidad de los grandes hoteles de lujo pero sin parar el movimiento. En este caso queda más claro que nunca que lo que importa no es la llegada sino el camino recorrido.

Más información:
Renfe

Rocío Rodríguez | Madrid
| 14/03/2016

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