No hace falta entrar en una trattoria y pedir alguno de los guisos y platos más famosos de la cocina italiana. Muchas veces, la comida callejera está igual de rica y, además, la podemos degustar mientras paseamos, de monumento en monumento. Estos son los bocados que no podemos dejar de comer si nos vamos a Italia.

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Pizza. Claro que sí, el más conocido de todos los platos italianos por el mundo es el que debe abrir cualquier decálogo de comida callejera, y es que nada es más sencillo en Italia que elegir un ‘pezzo di pizza’ en cualquier kiosco de comida y listo. Eso sí, lo mejor es que sean recién horneadas y, recuerda, cuanto menos ingredientes, mejor. Ellos prefieren la Margarita. Por algo será.

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Porchetta. Receta típica de la cocina del centro de Italia que consiste en un gran asado de carne de cerdo (normalmente un cerdo entero, deshuesado). Se hace como un rollo y se cocina con especias, dejando un resultado poco calórico. Luego se va laminando y se come en pan o a trozos sueltos, como los chicharrones andaluces.

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Olive All’ascolana. Es de las comidas italianas callejeras más originales. Son aceitunas rellenas y se crearon en la provincia de Ascoli Piceno. Pero estas aceitunas, además de rellenarlas de carne, luego se fríen, como si se tratara de una croqueta. El resultado en una mezcla de sabores en el paladar que te dejan muy sorprendido.

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Crema Fritta. Recuerda a nuestra leche frita y en Italia es más propio de las fiestas de Carnaval. Un dulce perfecto para comer por la calle y delicioso. Se elabora con leche, harina, máiz, azúcar, huevos y ralladura de naranja y es un bocado mágico. Se vende por la calle en conos de papel y será difícil comer solo una.

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Piadina. Propio de la Emilia-Romagna, se trata de una especie de bocadillo en el que el jamón, preferiblemente de Parma, es la estrella, además de las tortas de pan, muy finas y de forma redonda, horneadas en platos de terracota. Algunos prefieren incluso solo el pan, que es realmente el que recibe el nombre de Piadina.

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Cannoli. Dulce típico de Sicilia pero que se encuentra en prácticamente todo el país. Andar por la tarde comiendo uno, en algún barrio histórico, es mucho más que una delicia. Se trata de una masa enrollada en forma de tubo con crema de queso ricota por dentro y algo de fruta escarchada o chocolate, según el pastelero.

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Lampredotto. Es propia de las calles de Florencia y alrededores. Se trata de un bocadillo pequeño en el que la carne es casquería de ternera, cocinada con verduras. Es un bocado muy sabroso y se suele servir con salsa pesto y tomatitos, lo que aumenta el sabor en el paladar. No te dejes llevar por falsas expectativas y pruébalo.

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Arancini. No dejes que el nombre, si sabes algo de italiano, te confunda. No son naranjas, pero lo parecen por fuera, de ahí su nombre. Son bolas de arroz fritas tras enharinarlas en una masa crujiente. Son originales de Sicilia, donde empezaron a cocinarse en el siglo X. Lo habitual es comerlas con la mano y mojadas en salsa arrabiata.

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Panelle. Propios de Palermo, los panelle son el aperitivo típico de toda la región. Pueden comprarse en innumerables friggitorie, o puestos ambulantes, en las calles más transitadas y populares. Estas frituras de harina de garbanzo nacieron en el siglo IX y suelen comerse en paninis con sésamo.

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Zeppole. Son una bolas dulces que recuerdan a los buñuelos pero que se sirven fritos con un poco de azúcar glasé espolvoreado por encima y un interior cremoso. Son originarias del Lazio pero también muy frecuentes en Nápoles. Hay quienes las sirven recubiertas de miel, pero lo habitual es que sea sin ella, para poder cogerlas con las manos.