Glamour y más glamour es lo que desprenden cada uno de los rincones de las salas del museo que conserva el legado de Cristóbal Balenciaga, una de las grandes figuras de la moda mundial hasta su retirada con la llegada del prêt à porter. Una vida reunida en una construcción de cristal anexa al Palacio de Aldamar en su Getaria natal; la antigua residencia de sus mentores, los Marqueses de Casa Torres. Iniciado de la mano de su madre, costurera de las familias adineradas de la zona, gracias a ella entrará en contacto con ese refinamiento en el que se movían sus clientas. En sus comienzos se verá influenciado por los grandes de la pintura española, Goya, Velázquez y Zurbarán, reflejados en sus creaciones pero aportando un grado de sobriedad que con el tiempo evolucionará a un concepto más abstracto en su época madura. Un recorrido histórico a través de la aguja del modisto. Una colección de gran calidad con un fondo de 1.600 piezas, entre vestidos y complementos que nos va desgranando la trayectoria de un diseñador que retrato como nadie a la mujer de finales del siglo pasado. Sus experimentos con los volúmenes, los pliegues, el trabajo con los tules, el corte al bies… se convirtieron en tendencia y sacaban a la luz los hallazgos técnicos casi escultóricos que plasmaban el quehacer de un adelantado a su tiempo y que todavía hoy ejerce influencia. No le faltaba razón a Coco Chanel al decir “Él es el único de nosotros que es un verdadero couturier” Estrellas como Ava Gardner, Greta Garbo o Sofía Loren aprovechaban para renovar su vestuario entre rodaje y rodaje; millonarias que cruzaban el Atlántico como Bunny Mellon, Gloria Guinness o Barbara Hutton; damas de la aristocracia y la alta sociedad española como la duquesa de Algeciras, la de Montealegre, la marquesa de Viana o las señoras de March, Fierro, Urgoiti; y futuras reinas como Fabiola de Bélgica a la que realizó su traje de boda. Una larga y variada lista de clientas que en todo momento supieron apreciar la sutileza y elegancia del diseñador. Un artesano de la costura que siguió a pies juntillas las características que creía necesarias para su oficio: “Un buen modisto debe ser: arquitecto para los patrones, escultor para la forma, pintor para los dibujos, músico para la armonía y filósofo para la medida”.