De la frondosa vegetación Mediterránea y las vistas al mar con Sicilia al fondo, a la puerta del Sáhara; es Túnez, un país rico en historia y vestigios que ejercen de muestra de lo que un día allí ocurrió; un país de sabrosa gastronomía y playas mediterráneas, de interior ardiente y delicioso té de menta con piñones. Elegimos hoy cinco lugares que merecen ser vistos y conocidos, podíamos haber elegido más o incluso otros pero estos cinco son buenas referencias para que organices tu propia ruta. Sidi Boud Said, un bello pueblo morisco en blanco y azul; Cartago, ciudad de origen fenicio que hincó piedra al suelo ante los romanos cuando ellos, victoriosos, la destruyeron; por fortuna, los restos de sus termas han llegado hasta hoy; Kairouan, ciudad santa, famosa por su mezquita y también por sus alfombras; Túnez, la capital y un zoco en el que perderse, además de verdad; Hammamet, un pueblo de costa y playa en el que descansar tras unos días de circuito tunecino. Nos dejamos el Jem -el foro romano más grande de Ýfrica y uno de los mejor conservados del mundo-, las casas de Matmata escavadas en la rocas, el lago salado -Chott el Jerid-, la isla de Djerba, Tabarka, Tozeur... el museo del Bardo, sus impresionantes mosaicos romanos y su pequeña tienda con bellísimas miniaturas de perfumes de aromas perennes. Y es que Túnez es país de vida e historia a poco más de un par de horas de vuelo, la distancia justa para regresar pronto a repetir visita cambiando ruta.